Chimó, la pasta de tabaco que usan los llaneros para el cansancio, sueño y curar heridas
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Chimó, la pasta de tabaco que usan los llaneros para el cansancio, sueño y curar heridas

Este producto artesanal está ligado a las faenas ganaderas y las costumbres de los Llanos de Colombia y Venezuela, cuya preparación se ha transmitido por generaciones
David Quintero / LR
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En los Llanos Orientales colombianos hay una pasta oscura que puede resultar desconocida para quienes nunca han recorrido sus sabanas, pero que hace parte de las costumbres de algunos de sus habitantes. Se llama chimó y, aunque su apariencia puede recordar a una melaza espesa, es una preparación de tabaco que durante generaciones ha acompañado las jornadas de trabajo del llano.

Su consumo está asociado con las madrugadas, el cuidado del ganado, las largas horas que los llaneros pasan a caballo y en algunos casos, hasta para curar heridas.

A diferencia del cigarrillo, el chimó no se fuma. Se toma una pequeña porción de la pasta, conocida tradicionalmente como “pella”, y se mantiene en la boca, generalmente entre el labio o la mejilla y la encía.

Durante ese tiempo se libera la nicotina, que el organismo absorbe a través de los tejidos de la boca. La saliva que se acumula se escupe, porque no se puede ingerir. Es una práctica que puede sorprender a quienes no la conocen, pero que forma parte de la experiencia cotidiana de sus consumidores.

Preparación con el tabaco

Detrás de esa pasta oscura hay un proceso artesanal que requiere tiempo y conocimiento. Su elaboración comienza con hojas de tabaco que se procesan y se cocinan en agua durante un periodo prolongado. Con el calor, el líquido se concentra hasta adquirir una consistencia espesa y, posteriormente, se incorporan otros ingredientes que varían según la receta y el fabricante.

En algunas preparaciones tradicionales se utiliza lejía o cernada, obtenida a partir de cenizas vegetales, además de ingredientes como panela, melaza u otros aditivos, dependiendo del proceso. La mezcla continúa cocinándose hasta alcanzar la textura característica de la pasta. Luego se empaca para su distribución y venta. No todas las fórmulas son iguales: la composición puede cambiar entre productores y regiones, por lo que no existe una receta única que represente todas las variedades de chimó.

LOS CONTRASTES

  • Daniel OlmosAgricultor y ganadero llanero

    “El chimó es algo cultural acá en el llano y tiene diferentes usos. Yo lo uso para tener fuerza y para curar heridas, tanto mías como de los animales”.

  • Gener GaitanProfesor de Ciencias Sociales

    “Se consigue en cualquier tienda, hasta en ferreterías y papelerías. Yo creo que es uno de los productos más representativos del llano colombiano”.

Buena parte de la permanencia del chimó en las costumbres llaneras está relacionada con los efectos que sus consumidores dicen experimentar. Durante las jornadas que comienzan antes del amanecer y pueden extenderse por horas, algunos aseguran que la pasta les ayuda a soportar el hambre, mantenerse despiertos y sobrellevar el cansancio. También hay quienes la relacionan con una sensación de alivio frente al frío o con una mayor disposición para continuar trabajando.

A esas prácticas se suman usos medicinales populares. Algunos lo utilizan para aliviar dolores de muela, molestias musculares y articulares, picaduras y otras afecciones.

También se han descrito usos externos relacionados con lesiones de la piel y el cuidado de animales. Estas experiencias hacen parte de los conocimientos transmitidos en algunas comunidades, pero no demuestran que el producto sea eficaz para tratar esas condiciones.

La diferencia es importante: que el chimó tenga un lugar en la medicina tradicional no significa que sus propiedades estén comprobadas clínicamente.

La nicotina es una sustancia adictiva y puede generar una sensación de estimulación, lo que ayuda a explicar algunas de las percepciones de los consumidores. Sin embargo, no hay evidencia suficiente para recomendarlo como tratamiento contra el hambre, el sueño, el agotamiento o el dolor. Además, los productos de tabaco sin humo pueden causar daños en la boca y aumentar el riesgo de otras enfermedades.

Tradición que cruza fronteras

La historia del chimó no se limita a Colombia. Su consumo también está arraigado en los Llanos venezolanos, por lo que se relaciona con una cultura regional que atraviesa la frontera entre los dos países. En ese territorio compartido, las faenas ganaderas, la vida campesina, la música y las costumbres transmitidas entre generaciones han contribuido a mantener prácticas como su elaboración y consumo.

Su origen exacto, sin embargo, no está plenamente establecido. Los locales siempre han relacionado su elaboración con conocimientos indígenas ancestrales, incluidos los atribuidos a los Timoto-Cuicas. Sin embargo, no hay registros oficiales y concluyentes que permitan determinar con certeza quién creó el producto, cuándo surgió o cuál es el origen definitivo de su nombre.

Más allá de esas incógnitas, el chimó representa un conocimiento práctico que se conserva entre productores, consumidores y familias. Saber cómo seleccionar y procesar el tabaco, reconocer la consistencia de la pasta y preparar sus ingredientes forma parte de una tradición que no se aprende únicamente en un manual, sino también a través de la experiencia y la transmisión que ha pasado de generación en generación.

Esa relación con la identidad llanera incluso ha llegado a las expresiones artísticas. La investigación etnográfica de 2019 documentó una iniciativa denominada Danza del Chimó, concebida para representar el proceso de elaboración y mostrar su vínculo con las costumbres de la región.

La práctica deja ver que, para algunas comunidades, el producto no es solamente una pasta de tabaco: también es un referente de su historia, sus oficios y su memoria colectiva.

Así, el chimó conserva un lugar particular en el llano colombiano. Para algunos, es un compañero durante las largas jornadas de campo; para otros, una costumbre heredada que evoca la vida rural y los saberes de sus antepasados. Su consumo ha pasado de generación en generación y continúa vigente entre jóvenes y adultos, quienes lo utilizan con diferentes fines

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