Safaris llaneros, una apuesta por el ecoturismo y la conservación en Casanare
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Safaris llaneros, una apuesta por el ecoturismo y la conservación en Casanare

Los recorridos se realizan en hatos ganaderos que, además de mantener su actividad productiva, incorporaron el turismo de naturaleza para diversificar ingresos y conservar los ecosistemas
Hato Barley
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El turismo de naturaleza encuentra en Casanare uno de sus escenarios más prometedores. A través del safari llanero varios hatos ganaderos han convertido la observación de fauna silvestre y las tradiciones del llano en una experiencia que atrae a turistas nacionales e internacionales. Al tiempo que fortalece la economía local sin alterar el comportamiento natural de las especies.

Estos recorridos se desarrollan en hatos ganaderos que, sin abandonar su vocación productiva, han incorporado el turismo de naturaleza como una alternativa para diversificar sus ingresos y promover la conservación de los ecosistemas de la región.

En estos predios, la ganadería convive con extensas áreas de sabana, bosques y humedales que son el hábitat para cientos de especies de fauna silvestre.

Los visitantes recorren territorios donde la observación de animales en libertad se complementa con la experiencia de la cultura llanera y las labores tradicionales del campo. Esta apuesta ha convertido a varios hatos de Casanare en referentes del safari llanero y del turismo de naturaleza en Colombia.

A cinco horas de Bogotá, entre los municipios de Tauramena y Maní, Casanare, se encuentra ubicado Hato Barley considerado el hato turístico más cercano a la capital. Desde que abrió sus puertas al público en diciembre de 2019 ha recibido visitantes de países como Suecia, Finlandia, Francia, Italia, España, Estados Unidos y otras naciones de Latinoamérica. Lo que lo convierte en uno de los destinos más representativos para realizar el safari llanero.

Hato Barley

Luis Felipe Carreño, propietario del hato, explica que la iniciativa surgió hace 10 años, luego de identificar el potencial que tenía su predio para atraer turistas interesados en la observación de aves silvestres y fauna. Inspirados por una experiencia similar desarrollada en otro predio de la región, él y Yazmín Rocio Arenas, su esposa, comenzaron un proceso de preparación que incluyó asesoría especializada, el diseño de rutas, el fortalecimiento de la oferta gastronómica y la incorporación de muestras culturales.

LOS CONTRASTES

  • Luis Felipe Carreño Dueño Hato Barley

    "Las fincas grandes que no tienen monocultivos y se dedican a la conservación y al ecoturismo generan ingresos y ofrecen un producto de calidad"

  • Yazmín Rocio ArenasDueña de Hato Barley

    "Acá en el Hato hay 10 trabajadores de planta, todos con conocimientos y saberes del llano adquiridos de forma empírica

Posteriormente, con el apoyo de la Cámara de Comercio de Casanare y clúster de turismo del departamento, ayudaron a estructurar el producto turístico conocido hoy como safari llanero.“Nosotros somos un hato ganadero que se dedica a la conservación, la sostenibilidad y muchos otros proyectos ambientales. Gracias a más de 100 años de conservación tenemos una gran riqueza de fauna y flora, que es precisamente la base de nuestro ecoturismo”, afirmó Carreño.

Uno de los principales atractivos del recorrido es la biodiversidad que albergan las más de 7.500 hectáreas del predio. A diferencia de otros lugares donde la fauna es intervenida para facilitar el avistamiento, en Hato Barley los animales permanecen completamente en libertad. “Aquí todo es silvestre; no alimentamos ni retenemos a los animales. Existe una cadena alimenticia completamente natural”, agregó.

Hato Barley

Durante el recorrido es posible observar venados, chigüiros, cachicamos, marranos cerreros, babillas, galápagas, osos palmeros y hormigueros. A su vez, una amplia variedad de aves, (hasta ahora se han identificado cerca de 135 especies), entre ellas águilas, garzas, patos yaguasos, corocoras y huacharacas. Además, el hato desarrolla desde hace ocho años un programa de recuperación del pato carretero, una especie endémica que había desaparecido del sur de Casanare y de la cual ya se registran 87 parejas dentro del predio.

La experiencia cambia de acuerdo con la época del año. Casanare hace parte de las sabanas inundables de la Orinoquia, un ecosistema poco conocido incluso por los colombianos. Durante cerca de ocho meses al año, grandes extensiones permanecen cubiertas por una delgada lámina de agua, mientras que los meses restantes se caracterizan por un verano intenso y prolongadas sequías. Lo que ofrece escenarios diferentes cada temporada.

“Es un espacio único en el mundo. Esa combinación entre invierno y verano hace que la flora, la fauna y el paisaje cambien de una forma que difícilmente se encuentra en otro lugar”, explicó Carreño.

El safari no se limita al avistamiento de animales. La propuesta también busca acercar al visitante a la cultura llanera mediante demostraciones de trabajo de llano, lazo criollo, pesca artesanal, cabalgatas, gastronomía típica, música, baile y artesanías.

Hato Barley

La infraestructura turística incluye planes de pasadía y alojamiento que van desde los $300.000, aproximadamente. Según la temporada, los recorridos pueden realizarse en bicicleta, a caballo o en vehículos 4x4.

Para Felipe, el turismo de naturaleza representa una oportunidad de desarrollo para las fincas de la Orinoquía que han apostado por conservar sus ecosistemas. Considera que, además de generar ingresos complementarios a la actividad ganadera, incentiva la protección de la biodiversidad y fortalece la identidad cultural del territorio.

“Lo que hace falta es articular esfuerzos para consolidar un gran eje llanero, similar al eje cafetero. Quienes nos visitan, incluso personas que han estado en África y Amazonas, se sorprenden con la biodiversidad que hay acá. Eso confirma que vamos por buen camino”, afirmó Carreño.

Hato Barley

En las sabanas de Casanare, donde el agua transforma el paisaje por meses y luego llega el verano, el safari llanero plantea una nueva forma de mirar el territorio. Aquí, conservar no significa dejar de producir, sino encontrar en la diversidad una forma de generar ingresos y empleo.

Mientras algunos hatos abren sus tierras a quienes llegan en busca de conocer mejor el llano colombiano, el resto será lograr que esta actividad ecoturística crezca sin perder aquello que lo hace posible: la naturaleza.

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