El exceso de lluvias descontrola el calendario de siembra de los productores agrícolas
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El exceso de lluvias descontrola el calendario de siembra de los productores agrícolas

La transición entre sequía y lluvias extremas desajusta las cosechas, elevando costos de productos básicos como plátano, yuca y fruta
Universidad Nacional de Colombia
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Las crisis ambientales que han marcado el inicio de año, con una transición impredecible, entre sequías extremas y la humedad asfixiante del fenómeno de La Niña, han dejado al sector de la agricultura sin brújula con respecto a la producción de sus cultivos. Según Douglas Molina Orjuela, profesor e investigador en temas ambientales, el calendario tradicional de siembra y cosecha ha experimentado alteraciones significativas, desplazando las épocas óptimas de cultivo que antes eran predecibles y ya conocidas por los productores de regiones como el Caribe y la zona Andina.

La variabilidad extrema observada en febrero no es un evento aislado a los cambios presentes en el calendario de siembra, son el clímax de una serie de anomalías climáticas que se venían presentando. Molina señala que, fenómenos como la lluvia, han adelantado o retrasado la siembra de productos como el arroz y el café. Esta incertidumbre no solo afecta la agenda del campesino, sino que golpea directamente la canasta familiar del país. “Las lluvias atípicas reportadas por entidades como el Instituto de Hidrología Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, y el National Oceanic and Atmospheric Administration, Noaa, intensifican eventos extremos que elevan la probabilidad de excesos hídricos en un 40% y 60% en zonas como Meta y Santander”, afirmó Molina.

Estas variables, combinadas con la deforestación y la pérdida de cobertura vegetal, complican las decisiones fundamentales sobre siembras, insumos y rotación de cultivos, lo que exige, por parte de los productores, un monitoreo constante para no perder su inversión. En algunos cultivos, el exceso de agua intensifica pudriciones en hortalizas y produce la roya en el café, lo que provoca una disminución en la calidad del grano y por ende en número de exportaciones. En las áreas más vulnerables, las inundaciones han llegado a reducir las cosechas hasta 74%, una cifra que se traduce en pérdidas económicas de billones de pesos, lo que agrava la vulnerabilidad rural y afecta la conversión de forraje en el sector de ganadería.

Ante este panorama, el experto sugiere que la solución no es solo técnica, sino política y social. Los productores están migrando hacia la agricultura climáticamente inteligente, usando variedades resistentes y sistemas agroforestales. El experto dice que es necesario crear una alianza real entre campesinos, alcaldías e instituciones técnicas para que la gestión del clima sea una tarea de todos los días y no solo de emergencia. No obstante, el investigador resalta que el agricultor moderno debe empezar a ser más observador. El acceso a boletines agroclimáticos, datos satelitales y seguros agrícolas son las herramientas necesarias para sobrevivir a un clima que ya no pide permiso para cambiar el bienestar y rutina de los cultivos y sus productores.

Este desajuste en el calendario de siembra afecta especialmente a los cultivos de ciclo corto, cuya vulnerabilidad ante el exceso de humedad es inmediata. Al ser siembras que dependen de ciclos precisos, las inundaciones no solo retrasan la recolección, sino que comprometen la estructura misma de la planta, lo que derivará inevitablemente en un alza de precios para el consumidor final.
Según datos de la central mayorista Corabastos, a febrero de 2026, productos esenciales como la patilla ya se cotizan en un promedio de $2.200 el kilo, mientras que la maracuyá y el melón muestran una tendencia al alza debido a la interrupción de las cosechas.

Indalecio Dangond, consultor en crédito de fomento agropecuario, advierte que, ante la pérdida de rendimiento por estrés hídrico, el consumidor final verá un incremento de doble dígito en el precio de frutas y hortalizas. En Córdoba y el Urabá antioqueño, donde la situación es crítica, el exceso de lluvias y falta de sistemas de drenaje ya está impactando el abastecimiento nacional, lo que pasa factura a cultivos de yuca y plátano, alimentos que ya jalonaron la inflación del sector agropecuario a inicios de año con alzas significativas.

Actualmente, la yuca llanera y criolla oscila entre $1.200 y $1.600 por kilo, pero el retraso en la recolección en el Caribe amenaza con disparar estos valores por encima de $2.000. En el Urabá, el ciclo del plátano podría extenderse hasta los 17 meses, lo que generará un vacío en la oferta de un producto que hoy se comercializa en cerca de $2.300 la unidad en los principales mercados.

El panorama presenta contrastes, cultivos como la papa mantiene estabilidad tras su pico de $1.414 por kilo al estar en siembra, otros cultivos sufren por la humedad. Esta ambivalencia obligará a los agricultores a replantear sus siembras para el segundo semestre de 2026. Algunos piensan expandirse para estabilizar costos, mientras otros temen que una transición al calor genere un aumento de precios en la canasta familiar.

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