Uno de cada cuatro caballos sufre de descalcificación equina, esto afecta su salud y rendimiento
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La descalcificación es uno de los problemas que puede comprometer de manera silenciosa la salud y el desempeño de los caballos.
Esta condición está asociada principalmente con deficiencias o desequilibrios de minerales esenciales, entre ellos el calcio y el fósforo, y puede afectar desde el crecimiento y la locomoción hasta el rendimiento deportivo y la capacidad reproductiva de los animales.
De acuerdo con un informe de Gabrica Equinos, las alteraciones óseas y articulares relacionadas con desequilibrios nutricionales pueden afectar entre 10% y 26% de la población equina, dependiendo de factores como la raza, la edad, el manejo y la región geográfica.
Esto significa que hasta uno de cada cuatro caballos podría presentar algún grado de afectación asociado con una nutrición mineral inadecuada.
El calcio cumple un papel central en la formación y mantenimiento de huesos y dientes, pero también participa en la contracción muscular, la transmisión nerviosa y otros procesos metabólicos.
Cuando su aporte es insuficiente o existe un desbalance con otros minerales, especialmente el fósforo, pueden presentarse procesos progresivos de desmineralización que reducen la resistencia ósea y afectan el funcionamiento musculoesquelético.
Sin embargo, el problema no consiste únicamente en una falta de calcio. Sara Mejía, desarrolladora de mercado de Gabrica Equinos, explicó que también deben considerarse minerales como magnesio, cobre y zinc, que intervienen en la formación y mantenimiento del tejido óseo. Por eso, recomienda evaluar la dieta completa antes de recurrir a una suplementación específica.
¿Cómo reconocerla?
Los primeros signos pueden ser sutiles. Entre las señales de alerta están la disminución del rendimiento, la fatiga, la sensibilidad musculoesquelética, cambios en la forma de moverse y las cojeras intermitentes. En los potros también es importante observar posibles alteraciones en el crecimiento o en la conformación de las extremidades.
El objetivo es identificar estos cambios antes de que evolucionen hacia consecuencias más graves, como fracturas o deformidades. La inflamación articular, el dolor al desplazarse y la sensibilidad ósea también aparecen entre las señales relacionadas con la desmineralización.
Caballos más afectados
No todos los caballos tienen el mismo riesgo, ya que, según la experta, los potros atraviesan una etapa especialmente sensible debido al rápido crecimiento de su esqueleto. Las yeguas gestantes y lactantes también requieren mayor atención porque aumentan sus necesidades minerales para sostener tanto a la madre como al desarrollo del potro.
A estos grupos se suman los caballos de trabajo, deporte o entrenamiento intensivo, debido a la carga constante sobre el sistema musculoesquelético.
¿Cómo tratarla?
Para prevenir esta condición, la alimentación debe ajustarse a las necesidades de cada etapa. Los potros requieren un aporte adecuado de energía, proteína y minerales para acompañar el desarrollo del esqueleto.
Las yeguas gestantes y lactantes necesitan especial atención por el incremento de sus requerimientos, mientras que en los caballos adultos y de deporte deben cubrirse las necesidades de mantenimiento y las demandas adicionales derivadas del ejercicio.
Mejía advierte que también influyen la calidad del forraje, el tipo de alimentación, el manejo y la cantidad de minerales que recibe cada animal. Cuando la dieta no alcanza a cubrir los requerimientos, los suplementos pueden utilizarse como apoyo dentro de un programa de alimentación adecuado.
En este sentido, el enfoque recomendado es preventivo. La nutrición mineral no debería considerarse únicamente cuando aparecen síntomas, sino como parte del cuidado habitual del animal, acompañada de evaluaciones periódicas y programas nutricionales ajustados a cada etapa productiva. La clave, según Mejía, es no asumir que todos los animales necesitan lo mismo.