Sistemas silvopastoriles, como una estrategia financiera para la rentabilidad en fincas
La transición de la ganadería tradicional a los sistemas silvopastoriles, SSP, no solo puede ser una decisión ambiental en las fincas, también puede tratarse de una estrategia financiera para la rentabilidad de alto impacto. El beneficio más inmediato es el aumento exponencial en la producción de carne y leche por hectárea.
En estudios realizados en el Caribe seco, José Edwin Mojica, investigador de Agrosavia, destaca que la producción de leche puede incrementarse por encima de 50%, mientras que la ganancia de peso en los bovinos sube alrededor de 30%. Esto se complementa con la capacidad de carga de suelo, que pasa de un promedio de 0,9 animales por hectárea a albergar entre 3 y 4 animales en el mismo espacio.
Para Wilson Barragán, doctor en investigación de Agrosavia, el aumento de la rentabilidad a corto plazo es evidente por la reducción de costos de producción y el incremento de la productividad que reduce dichos costos. La sinergia entre el árbol, el pasto, el animal y el suelo potencia los servicios ecosistémicos, mientras que por otro lado la oferta alimenticia en varios estratos también genera una mayor producción de carne y leche por unidad de superficie.
En la misma línea, Sergio Mejía, director del centro de investigación Turipaná de Agrosavia, señala como, aunque la rentabilidad puede varias según el tipo de sistema y la ubicación, el factor común es un mejor funcionamiento general gracias a la interacción de todos los componentes del sistema.
Respecto a qué especies se deberían plantar, varia mucho y puede cambiar constantemente dependiendo de las condiciones del suelo y el ambiente; mientras que en el trópico bajo es común la leucaena, existen alternativas nativas como el como el Guácimo, el Totumo y el Matarratón. Por esto, se sugiere identificar las necesidades que se tengan en la finca, por ejemplo, si es para ramoneo, se requieren leguminosas que fijen nitrógeno, sean palatables y tengan rápida recuperación. Mejía añade que para los árboles se debe considerar si pierden sus hojas, que la copa sea rala para no proyectar sombra densa que afecte al pasto, y el valor comercial de la madera, recibiendo ayuda siempre de los saberes territoriales y locales del territorio.
El bienestar animal también juega un papel fundamental en los resultados finales, estos sistemas mejoran la proteína del pasto y reducen el estrés calórico del ganado, lo que genera menores pérdidas por termorregulación. Barragán explica esto diciendo que, bajo estrés por calor, el animal gasta energía extra intentando mantener su temperatura y, por instinto, deja de comer para no agravar el problema metabólico.
Por ello, Mejía asegura que, los estratos arbóreos favorecen un microclima que puede reducir hasta en 4°C la temperatura ambiente comparado con áreas sin sombra, actuando como una barrera de radiación que garantiza que el animal mantenga su actividad natural de pastoreo y producción.
Para los productores interesados en la transformación de sus fincas sin grandes inversiones iniciales, la clave está en aprovechar la regeneración natural y optimizar el manejo del terreno. El proceso puede iniciar con acciones practicas como el establecimiento de cercas vivas, la conservación de árboles dispersos y la implementación de un sistema de pastoreo rotacional. Estas medidas permiten que el suelo se recupere mediante el aporte natural de materia orgánica y el descanso de las pasturas. Asimismo, el acceso a agua potable y la reducción en el uso de agroquímicos son pasos fundamentales para permitir que el ecosistema prospere.
A largo plazo, estos sistemas pueden brindar una mayor resistencia frente a los cambios climáticos. Al mejorar la estructura biológica y química del suelo, se incrementa la capacidad de infiltración y almacenamiento de agua, lo que reduce la erosión y protege la finca durante las sequías prolongadas.