La producción nacional de carne de conejo está en el camino de la formalización
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La producción nacional de carne de conejo está en el camino de la formalización

Gráfico LR
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Una de las proteínas más valoradas por los expertos en nutrición y gastronomía es la carne de conejo. En muchos países, sus cadenas de producción y consumo están plenamente consolidadas, y su presencia en las cartas de los restaurantes y en los menús de los hogares es habitual.

En Colombia, la producción y el consumo de carne de conejo existen desde hace muchos años, pero aún no representan una participación significativa dentro del sector pecuario. Si bien hay numerosos criaderos destinados al consumo local y algunas granjas más tecnificadas con producción a escala industrial, todavía no existe una cadena consolidada que aproveche plenamente las ventajas de esta proteína.

La carne de conejo ofrece múltiples bondades: tiene un aspecto atractivo, es de fácil digestión y posee un alto valor nutricional. Además, su ciclo productivo es más corto que el de otras especies, ya que el conejo es uno de los animales con el metabolismo más rápido. En apenas 60 días, con una alimentación de calidad basada en concentrado, alcanza el peso y el tamaño adecuados para el consumo. A ello se suma la alta fertilidad de las conejas y el elevado número de crías por camada, factores que favorecen altos niveles de producción.

Para que un proyecto cunícola sea viable, se requiere contar con al menos 60 hembras reproductoras, disponer de material genético de calidad y ofrecer un portafolio de productos que vaya más allá de la carne en canal, preferiblemente con alimentos procesados y presentaciones atractivas para el consumidor.

En el país, las razas más comunes son Arlequín, Arlequín Cebra, Holandés, Chinchilla, Nueva Zelanda Blanco, Mariposa y Ruso Californiano, aunque existen muchas otras.

Las cifras del sector no son fáciles de consolidar debido a la dispersión geográfica y al pequeño tamaño de la mayoría de los productores. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria, ENA, del Dane, entre 2019 y 2025 el inventario se ha mantenido alrededor de los 110.000 animales. Cundinamarca, Boyacá y Antioquia concentran algunas de las granjas más desarrolladas.

Con 20 años de experiencia, Mister Conejo es una de las empresas productoras y comercializadoras más grandes y reconocidas del país. En una de las dos plantas de beneficio autorizadas por el Invima mantiene 600 hembras en producción y atiende pedidos que oscilan entre 50 y 500 conejos por semana. La empresa aplica protocolos de manejo que reducen el estrés de los animales antes del sacrificio, lo que contribuye a obtener una carne más jugosa y tierna.

Sus productos, disponibles en algunas grandes superficies, incluyen pulpa de conejo deshuesada y porcionada en presentaciones de 450 gramos y un kilogramo, muslos de 500 gramos y una nueva línea de goulash destinada a la alimentación de mascotas, como perros y gatos. Además, Mister Conejo compra animales a pequeños productores, fortaleciendo la participación de estos en la cadena.

Por su parte, Canícula Milla de Oro, ubicada en La Unión, Antioquia, cuenta con 10 años de experiencia y es considerada una de las granjas más grandes y tecnificadas del país. Dispone de 200 hembras en producción y trabaja en el manejo de pie de cría para carne. Actualmente está culminando su propia planta de beneficio, desde donde producirá carne en canal, carne deshuesada, rollos horneados y chorizos ahumados.

Los desafíos para consolidar la cadena de la carne de conejo siguen siendo importantes. El sacrificio y el consumo artesanal, realizados sin autorización del Invima y por fuera de las plantas de beneficio autorizadas, continúan siendo una barrera para su comercialización y crecimiento.

A ello se suma la necesidad de fortalecer la capacitación de los criadores en aspectos como bioseguridad, manejo de la cadena de frío y acompañamiento técnico veterinario, elementos indispensables para garantizar la calidad del producto y el desarrollo sostenible de la actividad.

 

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