Garrapatas en el ganado; una costosa amenaza para la productividad bovina
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Garrapatas en el ganado; una costosa amenaza para la productividad bovina

Estos parásitos provocan pérdidas en carne y leche, además de elevar los costos operativos de las fincas hasta 20%
Bloomberg
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Las garrapatas ocupan uno de los primeros lugares entre las amenazas a la salud del ganado vacuno. Estos parásitos, comunes en las fincas, especialmente en climas tropicales, pasan de ser una simple molestia para el animal a convertirse en una seria amenaza para la productividad.

Debido a su agresividad, este parásito externo que se incrusta en la piel del ganado genera varios impactos. Una plaga de garrapatas puede ocasionar pérdidas en la ganancia de peso, disminución en la producción de leche y, lo más grave, la transmisión de enfermedades.

Según explica Sebastián Montoya, zootecnista de la Universidad Nacional y experto en ganado bovino, “la garrapata que más nos afecta en el trópico colombiano es Rhipicephalus microplus. A diferencia de otras especies, completa todo su ciclo de vida sobre un solo animal: la hembra se alimenta, cae al suelo, pone entre 2.000 y 3.000 huevos, y las larvas vuelven a subirse al pasto en busca de otro bovino. En el Caribe, el Magdalena Medio y los Llanos, con temperatura y humedad favorables, eso se traduce en cuatro a seis generaciones anuales”.

La primera consecuencia de la picadura de las garrapatas es la pérdida de sangre. La acumulación de parásitos y cientos de picaduras pueden mermar significativamente los niveles de sangre de los animales e, incluso, ocasionar anemias. Estas anemias producen retrasos irreversibles en el crecimiento y en la conversión de nutrientes en carne y leche; además, pueden ser tan crónicas que incluso acaban con la vida del animal.

Otras consecuencias perjudiciales de las garrapatas son las transmisiones de enfermedades como babesiosis (Babesia bovis y Babesia bigemina) y anaplasmosis (Anaplasma marginale), entre otras. Estas patologías pueden matar animales adultos en cuestión de días si no se detectan a tiempo.

Para Montoya, “las consecuencias de las garrapatas van más allá de la finca. La primera es económica: los costos de control en sistemas mal manejados pueden llegar a 15%-20% de los gastos operativos anuales, sin resultados proporcionales. La segunda afecta al consumidor: los acaricidas tienen períodos de retiro que muchas veces no se respetan, y sus residuos pueden aparecer en leche y carne que llegan al mercado”.

Un impacto negativo adicional de la garrapata es el daño en que se produce en los cueros. Los parásitos dejan orificios o irregularidades que afectan su calidad, bajan su precio o incluso impiden su comercialización.

Existen métodos de control que disminuyen su presencia en las fincas mediante estrategias integrales, adaptadas a las necesidades y bajo supervisión profesional. Los garrapaticidas son fundamentales, pero su uso debe estar supervisado para evitar la resistencia. La vacunación forma parte de la prevención, aunque los insumos necesarios aumentan los costos de producción.

Manejar los pastizales con descansos de 30 días es esencial para reducir la población de garrapatas. En el aspecto locativo, es necesario mantener condiciones higiénicas óptimas y realizar la limpieza de corrales.

“La salida no es usar más productos sino entender el mecanismo de resistencia antes de elegir cuál rotar, aplicar bien la dosis, respetar los tiempos, y complementar con manejo del potrero: la larva muere si no encuentra un huésped en cierto tiempo, y eso se puede aprovechar con rotaciones bien diseñadas”, concluye el experto Sebastián Montoya.

LOS CONTRASTES

  • Sebastián Montoya UribeZootecnista de la Universidad Nacional

    “El daño más conocido es la picadura directa: la garrapata succiona sangre, irrita la piel y estresa al animal, lo que se traduce en menor ganancia de peso”.

  • Carlos Leonardo Guerra MarínZootecnista y profesor universitario

    “Las garrapatas hacen un daño directo al chupar la sangre, dañan la piel y abren la puerta para muchos otros parásitos, generando más daños”.

En materia genética existen razas más resistentes. En el medio tropical, por ejemplo, las razas Cebú y Blanco Orejinegro han demostrado ser menos afectadas por estos parásitos.

La resistencia a acaricidas

Combatir las garrapatas requiere asesoría profesional. La resistencia a los acaricidas (garrapaticidas) por uso sin criterio es frecuente y peligrosa.

Para Montoya, la explicación no está en el producto sino en la biología. La población de garrapatas tiene, desde antes de que se use cualquier químico, unos pocos individuos con mutaciones que les dan resistencia, pero cada aplicación mal dosificada elimina a los susceptibles y deja vivos a esos pocos resistentes, que se reproducen y en pocas generaciones dominan la población.

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