Experimento Angus, la votación colectiva que evitó la industrialización de este ternero
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Experimento Angus, la votación colectiva que evitó la industrialización de este ternero

Un experimento artístico del grupo Mschf demuestra que la culpa del consumidor puede vencer la inercia del mercado en el último momento
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El colectivo artístico de Brooklyn Mschf conocido por su táctica de sacudir al mercado con sus proyectos virales, ha vuelto a revolucionar la opinión pública, especialmente en redes, con su obra titulada como Our Cow Angus.

En esta ocasión, el experimento no involucraba zapatillas de diseño ni accesorios tecnológicos, sino la vida de un ternero llamado Angus, cuyo destino fue sometido a una votación democrática impulsado por el remordimiento del consumidor.

El colectivo vendió por adelantado el cuerpo del animal en forma de participaciones comerciales, ofreciendo 1.200 hamburguesas y cuatro bolsos de cuero de lujo a través de "tokens" físicos. Al comprar, el cliente no adquiría un objeto inmediato, sino un derecho de propiedad sobre el resultado del sacrificio del animal, programado originalmente para marzo de 2026.

Sin embargo, el contrato incluía una cláusula de redención que transformó este acto de consumo en un dilema ético muy profundo. Para que Angus conservara la vida, 50% de los votantes debían renunciar voluntariamente a sus productos a través de una plataforma denominada el "Portal del Remordimiento.

Por meses, la incertidumbre se apoderó de los resultados que en su mayoría se inclinaban hacia el consumo. Sin embargo, en un momento inesperado se dio un giro en las opiniones y la balanza se inclinaba más hacia la supervivencia. Con un resultado de 50,7%, los propietarios de los tokens decidieron perdonar la vida al animal, renunciando a recibir sus hamburguesas y bolsos a cambio de que Angus fuera trasladado a un santuario de animales.

Este final no solo aseguró el retiro del ternero y su traslado hacia una granja protegida, también confirmó la tesis de Mschf sobre la desconexión emocional que existe en la cadena de suministro global. Al personificar la mercancía y darle al comprador el poder directo sobre la vida o la muerte, el colectivo logró que el acto de comer carne dejara de ser un hábito invisible para convertirse en una decisión consciente y colectiva.

Aunque las críticas no faltaron para este proyecto, al señalar como crueldad el usar un ser vivo como blanco de una apuesta artística el resultado final deja una lección sobre la responsabilidad individual. Angus no terminará en un plato ni en una vitrina de lujo, pero su historia queda como un testimonio de cómo el arrepentimiento, puede llegar a vencer la inercia del consumo masivo.

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