Subproductos agrícolas, una oportunidad para generar valor y reducir costos
En el campo colombiano, materiales que tradicionalmente son considerados residuos pueden convertirse en nuevas oportunidades para los productores. Restos de cosecha, pulpas, cáscaras, estiércoles y podas pueden ser aprovechados para producir abonos, alimento animal, energía y otros productos, lo que permite reducir costos y abrir nuevas fuentes de ingresos.
Este aprovechamiento hace parte de la economía circular y plantea una visión de la finca como una unidad capaz no solo de producir alimentos, sino también de utilizar mejor sus recursos y generar valor a partir de materiales que ya se encuentran disponibles.
“El reto está en identificar qué materiales pueden reincorporarse al sistema productivo y cómo transformarlos en oportunidades para el productor”, explicó Deivis Suárez Rivero, docente del Programa de Ingeniería Agroindustrial de Uniagraria.
Del residuo a una nueva oportunidad de negocio
Los subproductos son materias primas que se generan durante actividades agrícolas, forestales, pecuarias y agroindustriales. Aunque no corresponden al producto principal, pueden conservar valor económico, nutricional o energético y, en algunos casos, tener un valor incluso mayor al producto principal.
Entre los materiales provenientes de la agricultura están los rastrojos de maíz, arroz y sorgo; paja y residuos de cosechas de frijol y algodón; hojas y tallos de plátano y banano; residuos de poda de frutales; cascarilla y otros residuos del arroz; tusa y loto del maíz; residuos de hortalizas y bagazo de caña.
En los procesos agroindustriales también se generan pulpas y mucílagos de café, cascarilla de café, afrechos y salvado de arroz, melaza y bagazo de caña de azúcar, cáscaras de frutas, suero de leche, semillas o tortas de oleaginosas y residuos de cacao y palma.
“Muchos de estos materiales contienen materia orgánica, metabolitos secundarios, nutrientes, energía o fibra y pueden reincorporarse a los sistemas productivos como acondicionadores de suelo o convertirse en productos de mayor valor agregado”, señaló Suárez.
Diferentes usos según el material
Los subproductos pueden clasificarse según su origen y composición. Los de origen vegetal, como hojas, tallos, cáscaras, bagazos y residuos de cosecha, pueden utilizarse para alimentación animal, compostaje, cobertura del suelo, producción de biogás o elaboración de biochar.
En el caso de los materiales de origen pecuario, como estiércoles, gallinazas, porcinazas y purines, estos pueden utilizarse como fertilizantes orgánicos o para producir bioenergía mediante biodigestores.
La composición también determina el potencial de aprovechamiento. Materiales ricos en carbono, como la cascarilla de arroz, el aserrín, las pajas y los residuos de poda, pueden destinarse al compostaje, la producción de sustratos y el biochar. Los ricos en nitrógeno, como estiércoles, pulpas de café y residuos de frutas, pueden utilizarse para elaborar bioabonos y biofertilizantes orgánicos.
A su vez, los materiales con alto valor energético, como el bagazo de caña, la cascarilla de arroz y los estiércoles, pueden utilizarse como biomasa para producir biogás y energía térmica. Otros, como afrechos, tortas de soya, residuos de yuca y frutas de descarte, pueden incorporarse a la elaboración de alimentos balanceados para bovinos, porcinos, aves y peces.
Ahorro de costos y generación de ingresos
Entre las alternativas de aprovechamiento está el compostaje, que puede realizarse en pequeñas unidades productivas y permite transformar residuos orgánicos en abonos estabilizados. También está la lombricultura, que utiliza la lombriz roja californiana para transformar materia orgánica en humus.
Otra opción es la biodigestión, mediante la cual residuos orgánicos y estiércoles pueden convertirse en biogás y biofertilizantes líquidos. Esta alternativa requiere, sin embargo, un volumen elevado de estiércoles, como puede ocurrir en una granja porcina o bovina.
El ensilaje permite conservar forrajes o subproductos para alimentación animal durante largos periodos, mientras que el biochar se obtiene mediante la carbonización de biomasa y puede utilizarse para mejorar la fertilidad y la retención de agua del suelo.
“El tipo de valorización que se pueda aplicar dependerá también del nivel de capacitación del productor y puede permitir reemplazar insumos externos por insumos generados dentro de la propia finca”, precisó Suárez.
Identificar qué se genera en la finca
Para determinar el potencial económico de estos materiales, el productor debe identificar qué residuos genera, cuánto produce de cada uno, qué costo tiene su disposición final, qué valor nutricional, energético o como fertilizante poseen y si existe una demanda local.
A partir de esta información, es posible determinar cuáles materiales pueden ser aprovechados directamente y cuáles requieren procesos adicionales para aumentar su valor.
También se puede calcular cuánto dinero podría ahorrarse o generarse al reincorporar estos recursos al sistema productivo. Una de las recomendaciones es comenzar con pruebas piloto a pequeña escala.
Una finca cafetera, por ejemplo, puede producir compost con la pulpa del café; un productor ganadero puede instalar un biodigestor, dependiendo de las condiciones y disponibilidad de estiércol; y un productor de arroz puede utilizar la cascarilla como acondicionador del suelo.
La clave, según el docente, está en identificar qué recursos ya existen dentro de la finca y actualmente no están siendo aprovechados, para convertirlos en insumos, productos o nuevas fuentes de valor.