Errores comunes en la preparación del suelo que afectan el desarrollo de los cultivos
Históricamente, el suelo ha sido tratado únicamente como una simple plataforma para obtener alimentos; un escenario inerte donde solo se aplican químicos para forzar la producción de cultivos. Este es el primer y más grande error cometido por algunos productores. Por esto, en un contexto de crisis climática como el que se está atravesando, es necesario entender al suelo en un contexto vivo y un ecosistema dinámico.
Uno de los errores más frecuentes y vistos en el campo es la búsqueda de la limpieza absoluta, eliminando toda la vegetación espontánea, el llamado barbecho, y todo bajo la creencia de que los cultivos compiten por sus nutrientes con otras plantas aledañas en el terreno.
Según Juan Carlos Martínez Medrano, investigador en Agrosavia, al dejar el suelo desértico, el agricultor expone la tierra a la erosión y elimina una capa de vida que ha tardado siglos en formarse. “Un suelo expuesto está matando la vida que permite su calidad; no podemos verlo solo desde la nutrición mineral”, afirma el experto, quien señala que esta desnudez aumenta la fragilidad del cultivo ante plagas y sequías.
La fertilidad de los suelos no es una propiedad estática, es una variable en cualquier suelo que depende de muchos factores, por lo que no se puede esperar una solución rápida. La agricultura de hoy en día debe apuntar a ser regenerativa con visión a largo plazo, que restaure lo que se ha dañado por décadas.
Por esto, la dependencia a paquetes tecnológicos, como soluciones estandarizadas para los problemas en cultivos es otro error que el experto identifica, y recomienda el análisis del suelo como un paso fundamental previo al cultivo.
En cuanto al manejo de materia orgánica, considerado como la capa protectora del suelo, existen confusiones perjudiciales para el terreno. Un error común es la aplicación de estiércol sin procesar o un compostaje deficiente, dejando los residuos en un lugar esperando a que se degraden solos, lo que puede generar acidez o introducir a patógenos.
El suelo necesita una estructura física adecuada; según Martínez una labranza mal ejecutada puede compactarlo hasta convertirlo en algo similar al hormigón, lo que impide que el agua se infiltre y provoque que la lluvia arrastre los nutrientes.
Para mejorar la preparación del suelo sin aumentar los costos de producción, es clave la observación y el uso de recursos propios de la finca. El experto recomienda colocarle protección al suelo mediante el uso de hojarascas y coberturas vivas. Asimismo, sugiere romper con el esquema y la creencia del monocultivo y entender el suelo desde la rizosfera, esa zona de interacción entre raíces y microorganismos.
Propone la integración de cultivos como el sistema maíz - fríjol, donde el fríjol fija nitrógeno de forma natural y resulta mucho más benéfico que estar utilizando fertilizantes constantemente.
La transición hacia la agricultura regenerativa exige un cambio de paradigma, pasar del control total de la naturaleza a la colaboración con ella. Al adoptar prácticas como las coberturas vivas y la economía circular, el campo colombiano tiene la oportunidad de sanar ese 70% de tierras mal usadas en la agricultura.