Hongo nativo del Urabá podría ser una alternativa contra la sigatoka negra
Un equipo de investigadores de la Universidad de Antioquia ha desarrollado un bioinsumo a partir de un hongo nativo de la región de Urabá, diseñado específicamente para combatir la Sigatoka negra. Esta enfermedad causada por el hongo Pseudocercospora fijiensis es considerada la plaga foliar más destructiva para los cultivos de banano y plátano a nivel mundial, ya que deteriora el área fotosintética de las hojas, reduce severamente el peso de los racimos y acelera la maduración prematura de la fruta, generando pérdidas millonarias para el sector.
El avance científico toma importancia debido a que el hongo seleccionado fue hallado directamente en las raíces de la planta de banano de la zona. Al tratarse de un organismo ya adaptado de forma natural a las condiciones ecosistémicas del Urabá, tiene ventajas para prosperar y actuar eficientemente en el terreno.
El proceso de investigación comenzó con la toma de muestras del patógeno causante de la enfermedad y de cepas nativas del hongo Trichoderma sp., recolectadas directamente en los suelos de la región. Tras cultivar ambos organismos en condiciones controladas, se realizaron procesos de fermentación para extraer los metabolitos producidos por Trichoderma sp. y se evaluó su capacidad para frenar el avance de la plaga mediante pruebas in vitro.
Para garantizar que estas sustancias activas resistieran a las condiciones del ambiente y se liberaran de forma controlada, los compuestos se encapsularon en quitosano, un biopolímero que potenció drásticamente la efectividad del tratamiento. Los ensayos de laboratorio demostraron que los extractos puros frenaban más de 50% del crecimiento del patógeno, pero una vez encapsulados alcanzaron una inhibición de entre 80% y 90%, un rendimiento altamente competitivo y comparable al de los fungicidas comerciales tradicionales.
Al mismo tiempo, este hallazgo permite una reducción en el uso de fungicidas sintéticos, los cuales han sido utilizados como el manejo tradicional de la enfermedad, que con el paso del tiempo ha provocado que la plaga desarrolle una fuerte resistencia a los químicos tradicionales.
"Esta enfermedad usualmente la controlan de forma química, por eso este proyecto ofrece como alternativa el control biológico usando los metabolitos que produce Trichoderma sp., sin tener que recurrir al uso intensivo de agroquímicos que ya sabemos que causan problemas ambientales, afectaciones a la salud y elevados costos de producción", como afirma Yennifer Adriana Hinestroza Durango, investigadora e ingeniera bioquímica del experimento.
Con la implementación de este bioinsumo se busca frenar de manera más rápida la propagación de la Sigatoka negra de una forma más efectiva y dirigida, al mismo tiempo que se impulsa una agricultura de exportación más sostenible y limpia. Al reducir sustancialmente la dependencia de los agroquímicos convencionales, el proyecto no solo protege la estabilidad económica de los productores locales, sino que además mitiga el impacto ambiental en los suelos y las fuentes hídricas.