Investigación de la Unal abre camino a derivados de cannabis con mayor valor agregado
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Investigación de la Unal abre camino a derivados de cannabis con mayor valor agregado

El estudio probó a escala industrial un proceso para obtener extractos de cannabis ricos en cannabidiol y productos de mayor valor para mercados internacionales
ICA
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Una tecnología desarrollada por Ada Carolina Gallo, doctora en Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia, Unal, permite reducir la presencia de tetrahidrocannabinol (THC), compuesto asociado con los efectos psicoactivos del cannabis, a menos de 0,05%, mientras conserva una alta concentración de cannabidiol (CBD), otro de los componentes de la planta que no produce esos efectos.

El procedimiento fue probado a escala industrial y busca facilitar la producción de extractos con una composición controlada. Esto representa una oportunidad para Colombia, donde buena parte del cannabis destinado a la exportación se comercializa como flor seca, mientras que la elaboración de derivados de mayor valor agregado suele realizarse en otros países.

Según Gallo, la separación selectiva del THC permite obtener productos que conservan otros cannabinoides y terpenos presentes en la planta. Estos compuestos son objeto de investigaciones por sus posibles aplicaciones terapéuticas. Mientras el THC se estudia para el manejo del dolor crónico, el CBD ha sido investigado por sus propiedades antiinflamatorias.

Tres productos a partir del cannabis

El proceso permitió obtener tres productos con diferentes características. El primero es un extracto de espectro amplio, con más de 80% de CBD y menos de 0,05% de THC. El segundo es un concentrado de THC con una pureza superior a 75%, que podría utilizarse en investigaciones, ensayos clínicos y como material de referencia para laboratorios.

El tercero es un concentrado de cannabicromeno (CBC), un cannabinoide menos abundante en la planta, obtenido con una pureza superior a 90% y de interés para futuras investigaciones sobre sus posibles aplicaciones medicinales.

“Los resultados ya fueron probados a nivel industrial. Es una muestra de cómo la industria puede dotarse de tecnología suficiente para competir a nivel internacional y purificar localmente derivados de calidad farmacéutica”, señaló la Gallo.

La posibilidad de obtener extractos con concentraciones específicas de sus componentes cobra relevancia para la industria nacional. Para 2025, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Jife asignó a Colombia una cuota de 85.955 kilos de cannabis para fines médicos y científicos.

Para Gallo, avanzar hacia la transformación local permitiría ampliar la oferta de productos derivados de la planta, en lugar de concentrar las exportaciones en materia prima. Sin embargo, su comercialización depende de que cada producto cumpla con los requisitos regulatorios del mercado de destino.

¿Cómo se separa el THC?

Uno de los retos de la producción de derivados del cannabis es que los componentes de la planta pueden concentrarse durante la extracción. Por eso, una variedad con bajo contenido de THC no garantiza que el producto final mantenga esa misma proporción.

La investigadora explica que una flor con 0,7% de THC puede dar lugar a un extracto con entre 3% y 5% de este compuesto. En consecuencia, es necesario utilizar procedimientos que permitan reducir su presencia sin perder otros cannabinoides de interés.

Para conseguirlo, Gallo recurrió a la cromatografía de partición centrífuga, una técnica que separa sustancias según su afinidad por dos líquidos que no se mezclan entre sí. El método permite que los diferentes compuestos se distribuyan entre ambos líquidos y facilita su separación.

El aporte de su investigación consistió en estudiar el comportamiento del THC y el CBD, identificar las mezclas de solventes más adecuadas para separarlos y comprobar que el procedimiento podía llevarse a una escala industrial.

Como los programas comerciales de simulación no contaban con toda la información necesaria sobre el THC, la investigadora desarrolló un programa informático de acceso abierto denominado LLe-MC-AP. La herramienta permitió anticipar cuáles mezclas podían funcionar y reducir a cuatro las opciones que debían evaluarse experimentalmente.

El modelo reprodujo más de 99% de los datos obtenidos en los experimentos, lo que facilitó la selección del sistema de solventes utilizado posteriormente en el equipo de separación.

De las pruebas de laboratorio a la industria

En una prueba de nueve horas se procesaron 800 gramos de extracto de cannabis y se obtuvieron 613 gramos de un producto rico en CBD y con una presencia mínima de THC. El resultado demostró la viabilidad técnica del proceso a una escala superior a la de laboratorio.

Además, la investigación identificó la posibilidad de reutilizar el licor madre, un residuo de la cristalización del CBD que suele descartarse, como punto de partida para recuperar cannabinoides minoritarios de alto valor.

Para Gallo, estos resultados muestran una alternativa para avanzar hacia procesos de transformación más eficientes y desarrollar productos con una composición controlada, desde extractos hasta formulaciones farmacéuticas que podrían incluir sistemas de administración como parches transdérmicos.

La investigación también le valió a la doctora en Ingeniería Química el segundo puesto en el concurso Tesis en 3 minutos, organizado por la Unal.

El avance plantea una oportunidad para que la industria colombiana amplíe su participación en la cadena de valor del cannabis medicinal, mediante la producción nacional de derivados que respondan a las exigencias técnicas y regulatorias de los mercados internacionales.

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