Así funciona la medicina alternativa que el pueblo Misak construye desde su cultura
La medicina natural ha sido algo que ha trascendido a través de los siglos y que ha trascendido pese a los avances en la ciencia. El desarrollo de este tipo de medicina tiene sus inicios en los pueblos indígenas, donde su conexión con la naturaleza les ha permitido construir una relación basada en el respeto hacia su entorno.
En el corazón de Silvia, Cauca, el centro turístico de Sierra Morena se posiciona como un espacio que busca preservar la tradición y el interés hacia la cultura por medio de la relación entre el territorio y los cultivos locales en un laboratorio de medicina tradicional Misak.
Este espacio no solo conecta el territorio y los cultivos con el consumidor final. De acuerdo con Wilson Chavaco, coordinador de salud propia del pueblo Misak, este espacio va más allá de suplir necesidades o dolencias básicas de salud; también cumple un propósito en torno a la soberanía alimentaria, la educación propia, el fortalecimiento de la lengua materna y reconocer que las prácticas tanto tradicionales como nuevas pueden contribuir al cuidado de las personas.
La creación de este tipo de productos inicia en el área de destilado; se procesan plantas como la caléndula y el diente de león mediante el método de arrastre de vapor, controlando minuciosamente la temperatura y la presión para extraer su esencia pura.
Guiados por la sabiduría e instrucciones de una partera, por cada 15 kilos de planta se agregan 30 litros de agua, pero solo se extraen 10 litros, garantizando que la medicina contenga alta concentración de sus propiedades en un periodo aproximado de 3 a 4 años.
Un ejemplo es el hidrolato de diente de león, ideal para limpiar la sangre, desintoxicar el cuerpo y apoyar a personas con diabetes. Además, según Chavaco, el laboratorio cuenta con destiladores específicos para aceites esenciales y alcoholes, ofreciendo a los mayores de la población las esencias puras en lugar de la planta en bruto para que realicen sus mezclas personalizadas
El recorrido conecta luego con el área de elaboración de pomadas, jabones y envasado. En este lugar, se mezclan plantas tradicionales como el epazote y la manzanilla con una dosificadora automatizada y selladoras para la producción masiva de jarabes.
En esta misma línea, también se fabrican jabones de caléndula, aguacate y cúrcuma orientados al cuidado de la piel de los niños. Así como pomadas terapéuticas de árnica, productos para dolores articulares y pomadas analgésicas de ají, ortiga y cannabis. En el proceso de transformación de pomadas y cremas, los principios activos de las plantas se fusionan con bases grasas que van desde la mantequilla de vaca y la cera de abeja, hasta productos neutros industriales como la vaselina. Todo mediante un cuidadoso proceso de cocción.
Finalmente, al cierre del proceso técnico se ubica el espacio de maceración y tinturas madres, diseñado para que las plantas frescas se sumerjan en embaces con un alto grado alcohol por un periodo mínimo de uno a dos meses. Esto permite obtener tinturas como la de manzanilla, utilizada para regular la presión en personas hipertensas y prevenir la preeclampsia en madres gestantes. Al administrarse únicamente en gotas, este método logra el mismo efecto terapéutico que un puñado de plantas, protegiendo la flora local.