Fortaleza del peso colombiano está reduciendo las ganancias de los caficultores locales
En Colombia, donde crece uno de los cafés más codiciados del mundo, la mayor amenaza para la economía de los agricultores ya no es la sequía, ni las plagas o los precios bajos. Es tener una moneda fuerte.
Con los precios del café al alza, Edmy Yojana Correa, una caficultora de tercera generación, venía ganando lo suficiente para comprar maquinaria agrícola y cambiar de automóvil. Pero este año, hasta mediados de julio, el peso colombiano se ha apreciado un 17% frente al dólar estadounidense, lo que ha mermado sus ganancias. Cada dólar que le pagan sus clientes en el extranjero ahora vale menos en Colombia, dejándole menos dinero para pagar salarios, fertilizantes y otros insumos.
En casi todos los rincones de América Latina, los exportadores afrontan la misma presión: las monedas locales se están fortaleciendo frente al dólar, la divisa en la que se fijan los precios y se negocian la mayoría de las materias primas. Desde México, donde el peso se negocia las 24 horas del día, hasta Paraguay, donde el mercado del guaraní es relativamente ilíquido, el fenómeno se está extendiendo a todos los sectores, hogares y bancos centrales.
En Colombia, el impacto ya se siente tanto en los cultivos de flores como en los cafetales. Los ingresos de Correa han caído un 40%, por lo que está considerando endeudarse aún más para mantenerse a flote. Desde su pequeña finca, situada a unos 1.830 metros sobre el nivel del mar en las montañas del Huila —una de las principales regiones cafeteras del país—, dice que ahora mismo están empezando a flaquear. En Costa Rica, el colón está tan fuerte que plantaciones de banana están cerrando. Y para un fabricante paraguayo de aperitivos, el guaraní se ha convertido en un tema recurrente en las reuniones de la junta directiva.
Desde principios de 2025, un grupo de divisas latinoamericanas se ha apreciado en promedio19% frente al dólar. Aunque un dólar más débil impulsó a los mercados emergentes en general, las ganancias en la región han superado las registradas en otras partes del mundo en desarrollo. En gran medida, reflejan la otra cara de un dólar que se debilitó durante los primeros meses del segundo mandato de Donald Trump, cuando los inversionistas se mostraban recelosos de sus políticas comerciales y buscaban destinar más dinero al resto del mundo.
En otro sentido, este resurgimiento muestra hasta qué punto gran parte de la región había estado infravalorada. Durante años, la fascinación de Wall Street por el auge del mercado bursátil estadounidense y la inteligencia artificial dejó poco espacio para América Latina. “Los períodos de fortaleza han sido escasos” para la región, afirma Phoenix Kalen, directora global de investigación de mercados emergentes de Société Générale en Londres.
La debilidad de las divisas provocó un aumento de los precios y deterioró la confianza. Las autoridades de política monetaria de las mayores economías de América Latina elevaron las tasas de interés hasta situarlas entre las más altas del mundo para contener la inflación. Eso convirtió a la región en objetivo de los operadores de carry trade, que toman préstamos en países con tasas más bajas, como Japón o Suiza, e invierten donde los rendimientos son más elevados. Esos mismos diferenciales de tasas también hicieron más caro y arriesgado apostar contra las monedas latinoamericanas.
Mientras tanto, varias economías más pequeñas aplicaron políticas destinadas a profundizar sus mercados de capitales y atraer inversión, una combinación que suele fortalecer las monedas con el paso del tiempo. Uruguay ha procurado reducir gradualmente su dependencia del dólar estadounidense, mientras que Paraguay impulsó reformas económicas que culminaron con la codiciada calificación de grado de inversión.
Pero pocos responsables de política monetaria previeron la magnitud de la apreciación posterior. Anteriormente este año, el Banco Central de Uruguay recortó las tasas de interés al advertir “dinámicas perturbadoras”, después de que la inflación se situara por debajo de su meta durante varios meses consecutivos. En México, la fortaleza del peso fue uno de los factores que llevaron al banco central a seguir reduciendo los costos de endeudamiento este año.
La llegada de un nuevo presidente a la Reserva Federal ha moderado las expectativas de una mayor debilidad del dólar estadounidense. Pero eso no significa que las divisas de los mercados emergentes se encaminen hacia un mercado bajista, según estrategas de Morgan Stanley. De hecho, analistas de Standard Chartered Plc y Société Générale prevén que las monedas latinoamericanas se mantendrán relativamente sólidas a mediano plazo.
Parte del atractivo radica en que la región cuenta con ventajas frente a otros mercados emergentes. El aumento de los precios de la energía supone una amenaza para muchas economías asiáticas importadoras de combustible, pero varias de las mayores economías de América Latina se beneficiarán de su condición de exportadoras de energía. La relativa distancia de la región respecto de los principales focos de tensión geopolítica también la ha hecho más atractiva para los inversionistas.
Sin duda, algunos sectores se están beneficiando. Tomemos el caso de Brasil. El año pasado, el real se apreció más de un 12% frente al dólar. Eso significó que, de repente, para una familia de São Paulo resultara más barato viajar a EE.UU. Los viajes a Orlando, desde hace tiempo uno de los destinos favoritos de los turistas brasileños que buscan parques temáticos y compras, aumentaron un 5,6%. El año anterior, cuando el real se depreciaba, los viajes a ese destino vacacional se mantuvieron prácticamente sin cambios, según Visit Orlando.
Los residentes de la vecina Argentina también están viajando más. El peso se ha apreciado con fuerza en términos reales gracias a la profunda reforma económica impulsada por el presidente Javier Milei, quien redujo el déficit fiscal, endureció la política monetaria y desmontó parte de los controles de capital.
Pero a las empresas les preocupan más los crecientes inconvenientes. Incluso unos viajes al extranjero más baratos pueden desincentivar a los turistas que visitan América Latina. En Argentina, durante 2025 los residentes gastaron más del doble en viajes al extranjero que los visitantes extranjeros en el país.
En Costa Rica, Del Monte Corp. anunció en mayo el cierre de cuatro plantaciones de banana, lo que supuso el despido de 850 trabajadores. La empresa atribuyó la decisión a la fuerte apreciación del colón —un 13% desde principios de 2025— y al aumento de los costos de producción. Afirmó que el tipo de cambio tiene un impacto directo sobre los exportadores.
También supone un problema para CMA Paraguay SA, que produce unas 230 toneladas métricas de papas fritas al mes y las distribuye por toda Sudamérica. Fundada en 2018, la empresa rara vez abordaba el tema del tipo de cambio en años anteriores, a pesar de que las exportaciones representan alrededor del 90% de sus ventas. Ahora, Florencia Fustagno, miembro de la junta administrativa, dice que se trata de un asunto que se analiza semanalmente en las reuniones. “Pensábamos que era algo temporal, pero ahora que ha pasado un año creemos que se va a estabilizar” en torno al tipo de cambio actual, comenta. “Tendremos que adaptarnos a esta situación y encontrar la manera de ajustar nuestra estructura de costos”.
Sin embargo, pocos lugares están sufriendo más las consecuencias de la apreciación de la moneda que Colombia, donde el peso se encuentra cerca de su nivel más alto en siete años. El Ministerio de Hacienda aprovechó la situación para comprar dólares y liquidar una operación de swap en francos suizos.
Pero, a un par de horas de Bogotá, la fortaleza del peso está interfiriendo con el plan de jubilación de Santiago Silva y Sonia Cortés. La pareja ahorró durante más de dos décadas para comprar su propia finca. Hace cinco años, por fin encontraron un lugar situado a unos 1.980 metros sobre el nivel del mar, rodeado de bosque nativo y con impresionantes vistas de los Andes orientales.
En las laderas húmedas y empapadas por la lluvia, el café crece entre orquídeas y árboles exóticos, y solo una jauría de perros traviesos rompe la calma. Silva y Cortés sembraron un café muy apreciado por los compradores internacionales y construyeron su propia instalación de secado. Los cristales de cuarzo del suelo filtran el agua que nutre el cultivo. Años de preparación culminaron con su primera cosecha el año pasado.
Los ingresos de Silva han caído aproximadamente un 20% desde entonces. Se ha concentrado en mejorar la calidad de los granos de arábica y robusta que cultiva, con la esperanza de obtener mejores precios en el mercado internacional y compensar parcialmente el efecto del tipo de cambio. Dice que el carácter del café colombiano proviene de la gente y que por eso le sigue apostando al atractivo duradero del producto. Teme que otros productores no logren adaptarse y abandonen el café para dedicarse a otros cultivos.
La pareja cuenta con empleos en la ciudad a los que puede recurrir. Muchos productores colombianos no tienen esa posibilidad. Las pequeñas explotaciones familiares —la mayoría de entre 1 y 3 acres, donde las cerezas de café se recolectan a mano— dominan el sector en el país. En enero, el presidente Gustavo Petro elevó el salario mínimo nacional, incrementando los costos laborales justo cuando el peso se fortalecía.
La Federación Nacional de Cafeteros exporta aproximadamente una quinta parte del café premium de Colombia y garantiza un mercado para todo el café producido en el país, lo que ayuda a amortiguar las fluctuaciones de los precios internacionales del grano y a establecer referencias para el mercado.
Los exportadores advirtieron a principios de julio que la rápida apreciación del peso está erosionando la competitividad de Colombia e instaron al gobierno a ampliar las herramientas de cobertura cambiaria y las líneas de crédito. “Los caficultores son un sector orientado a la exportación y, en ese sentido, dependen por completo del tipo de cambio”, explica Esteban Ordoñez, director comercial de la federación.
De vuelta en la pequeña finca de Correa, en el Huila, aún faltan un par de meses para la temporada principal de cosecha. El clima ha sido caprichoso, pero ella espera que pronto empiecen a brotar pequeñas flores en los cerca de 7.500 arbustos que cubren las onduladas laderas de la zona.
Durante la mayor parte del año, ella y su esposo se encargan personalmente del cuidado de los cafetos. Sin embargo, como padres de dos niños pequeños, contratarán a varios recolectores cuando las cerezas empiecen a madurar. La región es conocida por producir cafés arábica de alta calidad; las variedades caturra y bourbon rosado son apreciadas por su dulzura y su acidez similar a la del vino.
Algunos de los granos de Correa terminarán en las cápsulas de café Nespresso de Nestlé SA. Ha evitado el uso de productos químicos agresivos, lo que le ha valido la certificación de Rainforest Alliance por sus prácticas sostenibles. La certificación le permite obtener una prima adicional, pero también implica mayores costos, como los fertilizantes orgánicos. Para cubrir esos gastos, la familia ya ha tenido que solicitar un préstamo. Insiste en que no se puede descuidar el cultivo; los costos son fijos y lo único que cambia son las ganancias.