Los restos de un cachorro del Paleolítico revela el origen de los perros domésticos
Hace casi 16.000 años en lo que hoy es Turquía, un cachorro de perro ya compartía su vida y su comida con humanos. Un nuevo estudio genético basado en restos hallados en el yacimiento de Pınarbaşı confirma que este animal es el perro doméstico más antiguo del mundo y curiosamente no se trataba de un lobo salvaje, sino de un animal totalmente integrado en el grupo de personas.
Hasta ahora, la ciencia ya había encontrado restos de este tipo en otros lugares de Europa, como en la cueva de Goyet en Bélgica o en el yacimiento de Bonn-Oberkassel en Alemania, con restos de hace aproximadamente 14.000 años. Sin embargo, muchos de estos hallazgos generaban debates porque no se lograba distinguir si se trataba de lobos que estaban siendo domesticados o de perros. Este nuevo descubrimiento en Turquía ayuda a encontrar una respuesta, lo que confirma que la convivencia entre los humanos y perros ya existía mucho antes de lo que se pensaba.
Al analizar estos restos, los científicos descubrieron que el cachorro comía lo mismo que los habitantes de la zona; mucho pescado. Esto demuestra que los cazadores de la época ya cuidaban de estos animales y les daban parte de su alimento, pues no eran solo herramientas de caza, sino compañeros que vivían dentro del campamento.
El equipo de investigación de la Universidad de Múnich comparó el ADN de este cachorro con otros restos encontrados en Alemania, Italia y el Reino Unido y los resultados demuestran que, hace 16.000 años, ya existía una población de perros muy parecidos en toda Europa y parte de Asia, aunque los grupos humanos de esos lugares fueran muy distintos entre sí.
Esta relación entre humanos y animales también tenía un significado simbólico muy fuerte, pues en Pınarbaşı, los cachorros fueron enterrados junto a las personas y siguiendo los mismos rituales funerarios.
Al mismo tiempo, algo similar ocurría en la cueva de Gough, aunque allí los humanos practicaban canibalismo como un ritual y convertían cráneos en copas, trataban a los perros con la misma importancia que las personas. De hecho, se encontró una mandíbula de perro con una perforación hecha a propósito y exactamente igual a las modificaciones que le hacían a los restos de humanos cuando morían.
Esto demuestra que, los perros eran muy valiosos para las tribus y viajaban o se intercambiaban entre ellas a pesar de las grandes distancias y el clima con bajas temperaturas. De hecho, mientras que muchas poblaciones humanas de aquella época terminaron desapareciendo, el linaje de estos perros sobrevivió y llegó hasta nuestros días.
Un segundo estudio reveló que cuando los agricultores llegaron a Europa hace 8.000 años, reemplazaron casi por completo a los humanos locales, pero no a sus perros. Los perros de los cazadores o recolectores aportaron la mitad de la herencia genética a los perros de los nuevos agricultores, un legado que llega hasta razas actuales como el pastor alemán o el San Bernardo.
Sin embargo, pese a estos avances aun hay muchas dudas sin resolver porque todavía no se identifican exactamente de qué población de lobos descienden todos los perros, ni en qué preciso momento inició la domesticación. Tampoco está claro qué función exacta cumplían en esas sociedades paleolíticas. Los investigadores creen que pudieron servir como sistemas de alarma o ayuda en la caza, ya que mantenerlos era costoso, aunque es muy probable que, al igual que hoy, eran seres de compañía en el hogar.