De cada 10 cabezas de ganado, tres son sacrificadas en plantas clandestinas e ilegales
El precio de la carne ha sido centro de debate entre el Gobierno, los gremios y los frigoríficos desde que el Ministerio de Agricultura anunció medidas para frenar las exportaciones de ganado en pie. No obstante, algunos sectores ganaderos han advertido que, además de revisar el impacto de las ventas externas, también deben analizarse las presiones generadas por el sacrificio clandestino de reses.
De acuerdo con cifras de Fedegan, solo en 2025, de las 4,56 millones de cabezas de ganado sacrificadas, 1,16 millones correspondieron a actividades ilegales y clandestinas, equivalentes a 25,4% del total. En otras palabras, casi tres de cada 10 reses fueron beneficiadas en canales informales.
Según explicó Óscar Cubillos Pedraza, director de Planeación y Estudios Económicos de Fedegan, esta problemática impacta el precio de la carne y lo presiona al alza porque, al sacar una proporción importante de la oferta total de animales destinados al sacrificio legal, estas reses “terminan desaprovechándose porque las sacrifican mal, en condiciones no higiénicas ni salubres, haciendo ineficiente el proceso de faena o sacrificio”.
Cubillos agregó que “están quitándole animales a la oferta eficiente que debería haber de carne. Al reducir esa proporción, hay menos oferta y mayores precios”.
Este punto lo respaldó Nicolás Cruz Walteros, analista experto de economía local de Corficolombiana, quien señaló que, al operar por fuera de los controles sanitarios y tributarios, “la informalidad distorsiona la formación de precios y dificulta la trazabilidad del mercado”.
Frente al aumento del sacrificio informal, que ha crecido 16% en los últimos cinco años y 71% en la última década, al pasar de 678.000 y 997.000 reses a 1,16 millones anuales, Cruz enfatizó en que esta práctica “reduce la oferta disponible en canales formales de comercialización, lo que genera escasez relativa y presiona los precios al alza en frigoríficos, supermercados y expendios regulados”.
Pero no solo eso. El sacrificio informal también suele estar acompañado de contrabando y menores incentivos para comercializar ganado en plantas autorizadas, lo que reduce la eficiencia de la cadena productiva y eleva los costos de intermediación y distribución para los actores informales, quienes terminan trasladándolos al consumidor final.
“En contextos donde la oferta de ganado ya es limitada, el impacto de la clandestinidad puede amplificar aún más las presiones inflacionarias sobre la carne de res”, detalló Cruz.
Por su parte, Juan Gonzalo Botero, expresidente de Aexgan, explicó que, aunque suele pensarse que el sacrificio ilegal reduce el precio de la carne, en la práctica ocurre lo contrario. Según detalló, al aumentar las actividades informales “se afecta la cadena formal de sacrificio de ganado y aumentan los costos del proceso. Sin lugar a dudas, esto termina generando un efecto alcista sobre el precio”.
Lo que no llega al estado
De acuerdo con Álvaro Urrea, presidente de Asofrigoríficos, un frigorífico que procesa alrededor de 10.000 cabezas de ganado al mes debe pagar más de $36 millones mensuales solo por concepto de tarifa de degüello.
Ese capital se destina a financiar programas de salud pública, control sanitario y funcionamiento institucional. Por ello, “cuando el sacrificio ocurre por fuera del sistema formal, esos recursos dejan de ingresar al Estado y el costo termina trasladándose a los actores legales de la cadena”, explicó Urrea.
A esto se suman los ingresos por impuestos de degüello, tasas sanitarias y contribuciones parafiscales que, con un recaudo promedio de $180.000 por animal, representan pérdidas cercanas a $450 millones mensuales por el sacrificio informal de 2.500 reses al mes. “En un año, el monto superaría los $5.400 millones solo en una región de tamaño medio”, recalcó.
En términos generales, el movimiento económico que dejan las operaciones clandestinas de beneficio asciende a $120.000 millones cada año.
Expertos atribuyen el alza del precio de la carne, no solo al dinamismo de las exportaciones y el sacrificio ilegal, sino también al incremento en los costos de producción, el aumento del salario mínimo y la variación climática. “Aunque inicialmente pueda encontrarse carne más barata, la reducción de la rentabilidad en el sector formal disminuye la inversión y la producción legal”, agregó Urrea.