Penitencia en la Feria de Sevilla
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Víctor Diusabá Rojas

Penitencia en la Feria de Sevilla

17 de abril de 2026
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De la gloria del jueves a la penitencia del viernes. En ese paréntesis de 24 horas, Sevilla conoció la cara de la apoteosis de Morante y compañía, en oposición a la cruz de una tarde sumida en el fracaso por cuenta de la mansada de la ganadería de Domingo Hernández.

A pesar de ello, dos de los actuantes lograron alguna recompensa: Andrés Roca Rey, quien cortó una oreja, y Pablo Aguado, autor de una significativa lidia en el cierre de la tarde.

El suave capote de Alejandro Talavante abrió la corrida ante un toro que tardó en enterarse, triste situación de la que nunca salió. Buen espadazo, silencio.

El segundo fue un manso de libro que no quiso hacer caso del capote de Roca Rey. En cambio, sí al de Paco Aguado en un quite por verónicas. En fin, un enigma. El asunto se zanjó quizá de la manera menos lamentable cuando el toro de la ganadería de Hernández comenzó a ir tras la muleta del torero peruano, eso sí, sin pasar de ser un ejemplar cualquiera.

La naturalidad de Pablo Aguado trajo, hasta ese momento de la aparición del tercero de la tarde en el ruedo, lo más torero del festejo, con lances a manera de caricias. Lección que repitió en un quite en mayúsculas. Luego de un gran par de Iván García, Aguado quiso someter en los medios a quien solo quería refugiarse en las tablas. Ahí en esos terrenos de la indignidad, el animal se fue a vivir.

El prometedor galope de salida del cuarto de la tarde engañó a muchos y quizá también al propio Alejandro Talavante. La falta de fondo y de fuerzas dejaron la pobre imagen de un toro sin posibilidades ni entrega. Silencio para Talavante y pitos al toro.

Hubo que esperar hasta el quinto para que las primeras palmas generales bajaran al ruedo a premiar la labor de Andrés Roca Rey frente a un enemigo que, por momentos, se prestó para su lucimiento. La faena, reducida a un palmo de terreno, fue a más, hasta poner a la asistencia de su parte. Espada defectuosa y oreja.

Le tuvo paciencia Aguado al sexto, a la espera de que terminara por soltar las embestidas. No sucedió, más bien se llevó una cogida, por fortuna sin consecuencias, después de perseverar y lograr meritorios muletazos, casi siempre aislados ante otro manso de la mala tarde del hierro de Domingo Hernández.

Ficha de la corrida

Toros de Domingo Hernández
510, 531, 519, 501, 515 y 512 kgrs.

El primero, sin romper. Manso fue el segundo. Y más manso aún el tercero. El cuarto también claudicó. El quinto tuvo movilidad. El sexto, agarrado al piso, sacó excesivo peligro.

 

Especial para Agronegocios
Sevilla, España

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