Feria de Sevilla: Morante, el genio y el maestro
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Víctor Diusabá Rojas

Feria de Sevilla: Morante, el genio y el maestro

16 de abril de 2026
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José Antonio se protagonizó a sí mismo en Morante de la Puebla para hacer de la cuarta corrida de abono de la Feria de Abril un acontecimiento que perdurará por épocas en la historia de la tauromaquia.

Sucedió en la lidia al cuarto de la tarde, de nombre 'Colchonero', ese antes y después para quienes viven y sienten la fiesta de los toros.

Antes de eso, valga decir, en el comienzo de la tarde, verónicas cuajadas desde los propios cites ante un toro justo de fuerza, presagiaron que algo grande venía en camino. Lo que sucedió a la vuelta al ruedo para lidiar al ejemplar restante, cuando el de La Puebla, pequeña población en inmediaciones de Sevilla, apareció cual huracán, con lances a una mano, al rescate de esa suerte antigua para recoger a los toros. Claro, con su son tan particular y una partitura a la que la banda terminó por hacer eco. En algún lugar de la plaza, Joselito 'El Gallo' debió pararse a aplaudir. Y luego a corear su nombre, después de verlo poner banderillas, incluido un par con la suerte de la silla, que repitió, luego, de muleta. Enseguida, el morantismo, encarnado en él mismo, con toda su expresión y su grandeza, se tomó cada lugar de la Real Maestranza de Sevilla, convertida en manicomio. Sólo que la espada no cerró la obra. Dos apoteósicas vueltas al ruedo equivalentes a todos los trofeos premiaron la obra y el artista. Estaba claro: Morante de la Puebla volvía a hacerse dueño de Sevilla, y de todos los confines, para dejar en evidencia que será de aquel genio y maestro de quien se hablará por siglos.

No fue todo, pasaron más cosas en esta tarde para el recuerdo. Por ejemplo, en su primero, Juan Ortega paró los relojes, comenzando por el de la Catedral, con verónicas lentas y una media de escultor.

En la muleta, el torero artista hizo frente a la acometividad del ejemplar de Núñez, sin poder redondear. Espada baja. Saludos. Y el incómodo quinto no le permitió a Ortega lucimiento alguno.

Por su parte, Víctor Hernández hizo, de entrada, declaración de intenciones frente al desafío que le significaba buscar entrar en el corazón de Sevilla. Primero, al pararse en los medios a lucir el capote, sin enmendar un centímetro.

Con la muleta hubo verdad y sentimiento de parte del torero de la Comunidad de Madrid. Dibujó naturales sueltos que valieron tandas enteras. Faena cara para aficionados añejos. Espadazo y oreja.

El sexto lo brindó a Morante. De nuevo, Hernández anduvo enterado y valiente, hasta sacar agua de la piedra que le correspondió en turno. Espadazo de colección y ovación.

Ficha de la corrida

Toros de Álvaro Núñez
503, 527, 517, 511, 515 y 582 kilogramos de peso.

Bien presentados en general, pero faltos de calidad. El primero se agotó pronto. El segundo tuvo codicia. El tercero no terminó de romper. El cuarto se fue arriba en la muleta. El quinto no brindó oportunidad alguna. Y el sexto se defendió.

Detalles:
Alta temperatura y plaza llena.

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Sevilla, España

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