Sembrando Sostenibilidad: La agricultura regenerativa como un activo estratégico para el agricultor
La agricultura colombiana enfrenta una de las coyunturas más críticas de su historia. A la par que aumenta la demanda de alimentos, existen mayores tensiones por el uso de recursos naturales, más incertidumbre climática y una creciente competencia de productos de menor calidad provenientes de otras partes del mundo. En este contexto, existen técnicas que ayudan a cambiar el paradigma de la producción y aliviar las cargas económicas, ambientales y sociales de las diferentes unidades productivas, independientemente de su tipología.
La agricultura regenerativa es una de estas prácticas, la cual ha dejado de ser únicamente una alternativa ambiental para convertirse en un activo estratégico para el agricultor. Su propósito, más allá de reducir impactos negativos, permite recuperar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad, mejorar la eficiencia en el uso del agua, fortalecer los servicios ecosistémicos y capturar carbono, generando sistemas productivos más resilientes y competitivos.
Esta visión cobra especial relevancia en un mundo donde los mercados, las entidades financieras y los consumidores valoran cada vez más la sostenibilidad. Bajo los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), las prácticas agrícolas comienzan a ser un factor diferenciador para acceder a nuevos mercados, mejores condiciones de financiamiento y alinearse con cadenas de valor más exigentes.
A ello se suma el concepto de doble materialidad, que plantea una pregunta fundamental:
¿cómo impacta la producción agrícola al ambiente y cómo ese ambiente impacta la sostenibilidad del negocio? La respuesta evidencia que ambos aspectos están estrechamente relacionados. Un suelo degradado reduce la productividad, incrementa los costos de producción y aumenta la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos; mientras que un suelo sano mejora la disponibilidad de agua, incrementa la fertilidad, reduce la dependencia de insumos externos y fortalece la estabilidad económica del productor.
En otras palabras, la sostenibilidad deja de ser únicamente una responsabilidad ambiental para convertirse en una decisión de gestión empresarial.
La agricultura regenerativa propone, precisamente, ese cambio de paradigma mediante prácticas como el pastoreo integral y rotativo, la labranza mínima o cero, los sistemas de producción con base en la rotación de cultivos y la agrosilvicultura. Estas prácticas conllevan a que el suelo gane carbono orgánico y, por lo tanto, se incremente su actividad biológica, mejorando su estructura para una mayor retención de humedad. Algunas prácticas complementarias son la cobertura vegetal, el manejo de la biomasa residual de cosecha, el uso de abonos orgánicos, el compostaje y el uso de biofertilizantes, como solubilizadores de fósforo, fijadores de nitrógeno, micorrizas y reguladores de crecimiento, entre otros.
Estas prácticas encuentran un aliado natural en la agricultura de precisión, ya que optimizan el uso de los recursos existentes, aplicando la cantidad exacta de insumos en el momento y lugar adecuados. El uso de tecnologías como sistemas GPS, RTK, sensores, drones e imágenes
satelitales permite reducir costos al dirigir específicamente las aplicaciones, a la par que disminuye el impacto ambiental y potencializa los rendimientos finales. Con respecto a ello, una de las estrategias más importantes consiste en agrupar los suelos en unidades homogéneas para determinar un manejo agronómico y fenológico por ambiente, con aplicaciones en tasa variable y fija.
En este punto, es importante resaltar que, para obtener los resultados esperados, se debe contar con un servicio de asistencia o asesoría técnica prestado por profesionales del sector agropecuario, donde es fundamental la participación de ingenieros agrónomos y agrónomos. Su acompañamiento técnico permite integrar la agricultura regenerativa, la agricultura de precisión y las tecnologías disponibles en soluciones adaptadas a cada unidad productiva, reduciendo la incertidumbre y aumentando las probabilidades de éxito.
En ese orden de ideas, la agricultura regenerativa representa una oportunidad para sembrar sostenibilidad desde una visión integral. Masificar estas prácticas mediante la asistencia técnica y la extensión agropecuaria permitirá que pequeños, medianos y grandes productores fortalezcan su competitividad, mejoren la rentabilidad de sus unidades productivas y, al mismo tiempo, generen valor económico, social y ambiental para sus territorios.
En un contexto de transformación del sector agropecuario, regenerar los suelos también significa regenerar las oportunidades del campo colombiano.