Vuela alto, Mariana Navarro
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Juan Gonzalo Botero Botero

Vuela alto, Mariana Navarro

09 de septiembre de 2026
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Esta columna tenía otro tema cuando pensé en qué escribir. El inicio de la derogatoria de las áreas de protección para la producción de alimentos (Appas) por parte del Ministerio de Agricultura nos daba la razón a quienes criticamos esa figura creada en el gobierno de Gustavo Petro. Era mi querer; pero la tragedia cambió el motivo y hoy escribo para una amiga.

Con Mariana Navarro nos conocimos cuando ocupé la presidencia de la Asociación de Exportadores de Ganado de Colombia, Aexgan. Estaba en esa reunión con su madre, doña Clemencia, otra ganadera ejemplar de este país. Con Milena Suárez, presidenta de Asocriollo, y con ella como miembro de la junta directiva de esa asociación, nos propusimos promover la exportación de ganados Brahman cruzados con razas criollas para fortalecer la cría y comercialización de estos en el país. Lo logramos parcialmente y, desafortunadamente, mi salida de Aexgan interrumpió el proceso.

Pero con Mariana nos unió algo más que el trabajo. Desde que nos vimos, la lucha contra la enfermedad nos conectó. Ambos intercambiamos opiniones y nos dimos consejos. Y aunque no fueron muchas las veces que nos vimos, sí estábamos pendientes de los procesos de ambos. Ella fue una guerrera en la adversidad que nunca quiso dejar sus actividades productivas a pesar de la lucha que estaba dando. Ni qué decir de su amor por la cría de ganado blanco orejinegro, cuya ganadería fue ejemplo en el país.

La mía empezó hace 27 años; han sido muchos días de clínicas, médicos y varias intervenciones quirúrgicas. Siempre me he preguntado para qué Dios me colocó en una silla de ruedas. Y siempre llego a la misma conclusión: para demostrarle a muchos que la silla no es una limitación y que, con condiciones adecuadas, quienes vivimos una discapacidad podemos rendir y dar más que muchos.

Mariana me impulsa a seguir adelante, a seguir luchando para lograr el objetivo trazado. Han sido muchos los sacrificios, incluso en la propia familia; al final, quien la vive es quien la entiende. El legado de Mariana obliga, además, a fortalecer la promoción y defensa de las razas criollas en el país.

Mariana se nos fue el lunes y su pérdida me hace ver que en cualquier momento nos vamos; en cualquier momento el Creador nos puede llamar para regresar a su casa. Como ella lo hizo ante la enfermedad, seguiremos luchando y demostrándole a muchos que en la discapacidad hay más capacidad que en cualquiera. ¡Mary, acá seguiremos tu ejemplo; daremos la lucha hasta donde nos dé y Dios quiera!

La ganadería colombiana está de luto. Descansa en paz. ¡Vuela alto, Mariana Navarro!

Nota. Queda en buenas manos la reconstrucción del Chocó. Conozco al viceministro José Leonidas Tobón; ¿quién mejor para esto que un chocoano al que le duele lo suyo? Tiene mucho trabajo por delante.

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