Un gobierno que se va con pena y sin gloria
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Juan Gonzalo Botero Botero

Un gobierno que se va con pena y sin gloria

05 de agosto de 2026
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Terminan los cuatro años más largos de la historia reciente de Colombia. Finaliza el gobierno de Gustavo Petro, una administración que llegó con el estandarte de un supuesto "cambio" y se despide de los colombianos con una profunda desilusión. Prometió combatir las prácticas tradicionales de la política, luchar contra la corrupción y generar mejores condiciones de vida, pero concluye con una realidad que, a juicio de muchos, dista de esas promesas.

El de Petro fue, según sus críticos, un gobierno marcado por la corrupción desde sus inicios. Los hechos relacionados con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Ungrd, los excesos atribuidos al círculo cercano y a la familia del Presidente, la supuesta infiltración de grupos armados en las Fuerzas Militares y el desfalco de Ecopetrol son algunos de los episodios que citan para sustentar esa afirmación. A ello se suma la influencia que, según diversos sectores, ejercieron los llamados "catalanes". Semana tras semana surgía un nuevo escándalo; incluso llegué a pensar que era algo premeditado para que cada hecho nuevo restara atención al anterior.

Los colombianos tuvimos que soportar durante estos cuatro años un profundo deterioro de la seguridad. El crecimiento del número de integrantes de los grupos armados ilegales ha sido sostenido desde el inicio del gobierno. De cerca de 4.000 hombres en armas en 2023, se estima que la cifra ya supera los 27.500. Regiones que habían mostrado avances en materia de seguridad, como el suroccidente del país, el Catatumbo y el sur de Bolívar, hoy se han convertido nuevamente en refugio de estas organizaciones.

Sin duda, el fortalecimiento de los grupos ilegales ha estado relacionado con el aumento de los cultivos ilícitos y del narcotráfico. Se calcula que el área sembrada supera ya las 300.000 hectáreas. A ello se suma un agravante: además del incremento del área cultivada, también han aumentado los rendimientos por hectárea. Los narcotraficantes aprendieron agronomía y, muy seguramente, gracias al uso de mejores variedades y de buenas prácticas agrícolas, los rendimientos pasaron de 7,5 a 9,5 toneladas por hectárea. Todo esto ha llevado a que Colombia produzca y comercialice, según estas estimaciones, 70% de la droga que circula en el mundo.

En el sector agropecuario, los esfuerzos estuvieron concentrados en la ejecución de una reforma agraria que terminó siendo, a mi juicio, mal ejecutada e ideologizada. De los tres millones de hectáreas prometidos, finalmente se entregaron aproximadamente 438.000. Desafortunadamente, fue una reforma agraria desconectada de la realidad, al desconocer que la tierra dejó de ser el único factor determinante de la producción y que, hoy en día, el acceso a crédito barato y acorde con los ciclos productivos, la comercialización, la asistencia técnica y la incorporación de mejores tecnologías son, en muchos casos, más importantes que la simple entrega de tierras.

El sector agropecuario termina impulsado por las actividades con mayor vocación exportadora: el café, pese a la reciente caída de los precios; las flores, el banano, el aceite de palma, el azúcar y el aguacate, entre otros productos. Sin embargo, incluso estos sectores ya empiezan a sentir los efectos de la reducción en la tasa de cambio, situación que probablemente se reflejará con mayor intensidad en los próximos meses. Recuerdo que, durante el empalme con el gobierno Duque, se nos criticaba porque, supuestamente, estos eran cultivos de "grandes productores". Resulta paradójico que hoy sean precisamente esos sectores los que sostienen el crecimiento de la actividad agropecuaria.

Una iniciativa que inicialmente parecía positiva, como las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (Appa), terminó desvirtuándose por la deficiente planeación y ejecución de la estrategia. Cuando advertimos que la intención era invadir las competencias de los municipios en materia de ordenamiento territorial y uso del suelo, además de reducir el valor de la tierra para afectar a los propietarios en regiones estratégicas, iniciamos una labor de oposición para visibilizar esa realidad. En buena hora, el gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella ha acogido esas observaciones y procederá a derogar las resoluciones expedidas hasta la fecha.

Los proyectos de construcción y mantenimiento de distritos de riego, así como los programas de asistencia técnica a los productores, terminan este cuatrienio con un marcado abandono institucional. AgroSavia, entidad encargada de promover la ciencia, la tecnología y la innovación para el sector agropecuario, atraviesa una profunda crisis que incluso compromete su funcionamiento para 2027 y que deberá ser atendida por el nuevo gobierno mediante los ajustes presupuestales que presente al Congreso de la República.

El gobierno de Gustavo Petro deja, además, un sistema de salud sumido en una profunda crisis. Las dificultades para la entrega de medicamentos y la autorización de tratamientos y procedimientos afectan a buena parte de la población. Ni qué decir de los pacientes con enfermedades raras o huérfanas, quienes, según esta visión, fueron algunos de los más perjudicados por las políticas implementadas durante este gobierno.

La inminente llegada del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre deja al descubierto las dificultades del sector energético. Entre las deudas con las empresas generadoras, los retrasos en el desarrollo de nuevos proyectos de energías alternativas y la fragilidad del sistema en regiones como la Costa Atlántica, el riesgo de un apagón resulta cada vez más preocupante. Difícil tarea tendrá la nueva ministra de Minas.

Colombia concluye este periodo profundamente dividida. El resentimiento y la lucha de clases, promovidos —según esta perspectiva— desde el Gobierno, marcaron buena parte del debate nacional. Será un cuatrienio que muchos recordarán por sus cuestionamientos en materia de gestión, los escándalos de corrupción y el rezago que, a su juicio, dejó para el desarrollo del país. En esa visión, el gobierno de Gustavo Petro se despide con pena y sin gloria.

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