No hay que descuidarse porque se puede venir un largo verano
Un buen amigo de Villapinzón, un municipio de Cundinamarca, me mandó fotos de su cultivo de arracacha en Tunja (Boyacá) y del inicio de la siembra de su cultivo de papa. Entre las muchas cosas de las que hablamos, me contó que en Tunja las temperaturas rondaban los 25 grados centígrados, con días soleados. Para sorpresa mía, me dijo que el verano había comenzado de verdad.
¿Y por qué sorpresa? Porque, en épocas normales, octubre y noviembre, hasta más o menos el 15 de diciembre, corresponden a la época de lluvias en el país. Contrasta lo que él me dice con regiones como la Costa Atlántica y el Oriente antioqueño, donde en los últimos días se han presentado algunas lluvias importantes, lo que ha distraído la atención frente a la ocurrencia del fenómeno de El Niño.
¡Ojo! No es momento de bajar la guardia. En septiembre, en la Costa Caribe, donde vivo, los niveles de lluvia estuvieron muy por debajo de los promedios normales. En un año típico, en septiembre, donde vivo, caen más o menos 200 mm; al día de hoy vamos en 83 mm: una reducción de más de 50 %.
Y es aquí donde quiero llamar la atención. Muy seguramente, en los meses de octubre y noviembre, los efectos del fenómeno no se sentirán tan fuerte como deberían. ¿Por qué? Pues simplemente porque caerán algunas lluvias que pueden "disfrazarlo", como ha sucedido en los últimos días. El problema se sentirá con fuerza después del 15 de diciembre, cuando el verano "de verdad" llegue a todo el país y, como indican los pronósticos, pueda alargarse y pegarse con el "veranillo de San Juan" de junio y julio de 2027, lo que nos llevaría a tener casi nueve meses de una larga época seca en el país.
Siendo así, para los ganaderos es momento de pensar en alternativas de alimentación complementaria a los pastos, como silo de maíz y girasol; aprovechar la línea de crédito anunciada por el Gobierno para construir pozos profundos y programar la venta de ganado para descargar sus tierras durante el verano. Ojo, que los ríos presentan niveles bajos, lo que afectará la disponibilidad de pastos y forrajes en las tierras ribereñas, pues no se verá el efecto de la "trashumancia", es decir, del traslado del ganado a dichas tierras.
Para los agricultores es momento de programar las siembras según la disponibilidad de agua de cada región. Como bien está haciendo mi amigo Jhon, pensar en sembrar hortalizas, papa y arroz viene siendo hora. Esto, además, les dará una idea de la disponibilidad de material y semillas para la próxima época de siembra.
Para el ciudadano del común es momento de ahorrar agua para contribuir al mantenimiento y, por qué no, al mejoramiento de los niveles de los embalses, que pueden complicarse dependiendo de la severidad y duración del verano que se viene. A quienes me leen desde acá les hago ese llamado.
Y para el Gobierno, en todos sus niveles —nacional, departamental y municipal—, es momento de planificar y anticiparse a los efectos que se puedan presentar. Motivar e incluso obligar a los ciudadanos al ahorro de agua, definir la línea de crédito para construir pozos profundos en las fincas, activar los comités de gestión del riesgo de desastres y las mesas agroclimáticas, y tener claros los procedimientos de diagnóstico y atención es fundamental. Monitorear la disponibilidad de alimentos en las diferentes centrales de abasto debe ser tarea diaria del Ministerio de Agricultura y, en caso de notar escasez de alguno de ellos, tomar las medidas a que haya lugar.
Punto aparte merece el monitoreo permanente de los niveles de los embalses, pero además la definición de la situación de las generadoras térmicas y, principalmente, de la deuda existente con ellas. Recordemos que en algún momento van a servir de respaldo al sistema eléctrico en caso de una reducción crítica de los niveles de los embalses.
En todos los casos, reforestar las orillas de las fuentes de agua es importante. Mi intención no es generar pánico, sino formar conciencia ante la posible situación de sequía. Con Jhon concluimos que esto apenas comienza y que no hay que descuidarse porque se puede venir un largo verano.
Nota. Una herencia, un legado, una tradición. Siempre con trabajo, empuje y tesón, el ganadero es orgullo de nuestra nación.
¡Ganaderos de Colombia, adelante, con orgullo y amor, a seguir dando todo por un país mejor!
¡Feliz día para ustedes!