Caminar con lo nuestro: el rescate del calzado fabricado con caucho natural 100% colombiano
En los talleres de Restrepo en Bogotá, en las zonas industriales de Medellín, en los barrios calzateros de Bucaramanga y en los complejos industriales del Valle, Antioquia, Norte de Santander, Tolima y muchas otras zonas del país, el sonido de las troqueladoras y el olor a solución de caucho se está apagando. Lo que durante décadas constituyó el sustento de miles de familias colombianas atraviesa una de las crisis más severas de su historia manufacturera. La razón no es un misterio ni un fallo en la destreza del artesano local: es la inundación desmedida de suelas y calzado elaborado con cauchos sintéticos de bajo costo provenientes de China, importados masivamente por grandes superficies y cadenas multinacionales que desconocen la realidad de una cadena que comienza en el campo y termina en una industria que por décadas ha estado trabajando día a día por calzarnos a todos los colombianos.
Esta dinámica de mercado no representa una sana competencia; es un desplazamiento directo de la producción nacional. Mientras los contenedores abarrotados de elastómeros sintéticos y componentes plásticos entran al país con precios contra los que es imposible competir, el impacto socioeconómico retumba en dos frentes altamente vulnerables: los talleres urbanos y el campo colombiano.
Nos creemos sostenibles y hablamos a los cuatro vientos que debemos consumir más verde y menos materias primas provenientes de hidrocarburos, pero somos felices comprando zapatos con suelas que de lejos han venido acabando con una tradición industrial de muchas familias, fabricado desde los árboles de caucho natural en varias regiones del país por manos campesinas para terminar en verdaderos artesanos del calzado que hoy ven como sus pequeñas y medianas empresa se terminan.
En estos casos las cifras no mienten: Según datos de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el Cuero y sus Manufacturas (ACICAM), el calzado de producción nacional formal representa actualmente solo cerca del 35% del mercado total en Colombia, cediendo el 65% restante a importaciones y calzado informal.
Colombia consume alrededor de 130 millones de pares de zapatos al año. La entrada masiva de componentes chinos (incluyendo insumos sintéticos para suelas, cuyas importaciones han crecido drásticamente) genera una balanza desproporcionada. Si tan solo las grandes y finas marcas y superficies permitieran fabricar 50 millones de suelas y comprarlas, esa sola cifra reactivaría un renglón muy tradicional y significativo del país por el cual fue reconocido a nivel latinoamericano.
Hoy esta situación ha ocasionado que de los más de 500.000 empleos directos e indirectos que articula esta cadena productiva, más de 300.000 se han terminado por el cierre sistemático de micro y pequeñas empresas incapaces de competir en costos, pero con calidades notoriamente superiores.
Detrás de cada zapato con suela sintética derivada del petróleo hay una familia campesina que deja de vender su látex y por ende una familia campesina que deja de proteger un bosque y toda su biodiversidad. La caída en la compra de caucho natural afecta directamente a pequeños productores en regiones como Caquetá, Meta, Caldas, Tolima, Norte de Santander, Córdoba, Guaviare y Antioquia, entre muchos otros donde este cultivo representa la principal alternativa legal de desarrollo frente a economías ilícitas como la minería y los cultivos de coca.
Frente a este escenario, resulta inquietante la tibia reacción de los grandes gremios tradicionales y de los ministerios a los que le compete este tipo de situaciones. Mientras se privilegia la agenda de los grandes importadores que llenan sus vitrinas con producto sintético de baja durabilidad, estos gremios se han quedado en diagnósticos y ferias cada vez con menos expositores nacionales con suelas y zapatos en caucho natural, dándole paso al sintético y sus variaciones, sin lograr medidas arancelarias ni salvaguardias efectivas ante el Gobierno Nacional, dejando desprotegidos a los microempresarios de la base productiva que optan la final por cerrar sus empresas.
En contraste, la respuesta estratégica ha surgido desde el origen de la materia prima. La Confederación Cauchera Colombiana (CCC) lidera un esfuerzo por rescatar la cadena de valor, impulsando junto a pequeñas y medianas empresas una campaña para incentivar el consumo de productos elaborados con caucho natural 100% colombiano. Sus ventajas son claras: mayor durabilidad y confort para el usuario, sostenibilidad ambiental frente a los plásticos no biodegradables y un impacto social directo que garantiza un pago justo al operario y productor de caucho natural en el campo y mantiene activo al taller urbano. Por cada empleo en las plantaciones de caucho natural que se conserva, se generan más de 6 empleos en la agroindustria e industria final de transformación, esto es un verdadero negocio verde desconocido aun por muchos consumidores.
Proteger la industria nacional del calzado no es un capricho proteccionista, sino un ejercicio de soberanía productiva. Como consumidores, tenemos en nuestros pies la decisión de respaldar el trabajo digno de nuestras regiones frente a la rentabilidad del insumo importado.