La economía empieza en la casa
Comentarios
Claudia Calero Cifuentes

La economía empieza en la casa

28 de octubre de 2026
MÁS COLUMNAS DE ESTE AUTOR
UNIRSE A WHATSAPP

El pasado 12 de octubre, Robert E. Hall y Michael Woodford recibieron el Nobel de Economía 2026. Sus modelos hoy son la herramienta con la que bancos centrales y gobiernos de todo el mundo amortiguan las crisis. Lo novedoso de su trabajo fue que en vez de mirar solo cifras de inflación o producción, se preguntaron cómo deciden los hogares. Cuánto ahorran y gastan, qué compran hoy, qué dejan de comprar y/o pagan mañana. Ellos descubrieron que esas decisiones dependen de lo que cada familia espera del futuro, y la suma de todo eso es lo que mueve la economía de un país.

Dicho de otra manera, el Nobel este año le reconoció al hogar el lugar perfecto. El modelo no se pregunta quién decide en una casa, mucho menos si es colombiana, pero lo que nosotros sí deberíamos preguntarnos es quién toma las decisiones en un hogar colombiano y la respuesta es que en la gran mayoría de los casos es una mujer.

Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del Dane, nueve de cada 10 mujeres hacen trabajo doméstico y de cuidado sin pago, más de siete horas al día. Son ellas las que hacen el mercado, estiran la plata cuando sube el precio del pasaje en Transmilenio, deciden el pago de la cuota del colegio y si se hace o se aplaza el arreglo de la casa. Son ellas las que primero sienten la inflación y las primeras que hacen “maromas” para ajustarse.

Los autores también estudiaron cómo las empresas deciden sus precios y encontraron que lo hacen pensando en lo que creen que va a pasar mañana. En Colombia, buena parte de esas empresas son la tienda del barrio, el puesto de comida, la modistería o la venta de arepas. Muchas las dirigen mujeres. Cada vez que una de ellas decide si sube el precio o lo congela un mes más, está haciendo exactamente lo que estudiaron Hall y Woodford.

Y ahí está el problema. Cuando el Banco de la República mueve las tasas o el Gobierno anuncia un alivio o un impuesto, el mensaje tiene que llegarle a quien decide en cada casa. Y muchas veces esa persona que decide, no tiene cuenta bancaria, crédito a su nombre ni un ingreso formal. La política económica le habla a un hogar que existe en el papel, pero olvida quién lo maneja.

En la ruralidad la brecha es más profunda. Hay cerca de 7,5 millones de mujeres campesinas y ocho de cada diez trabajadores rurales son informales. Una mujer que maneja la economía de su familia sin títulos prediales, sin ahorro y sin seguros, cada crisis le pega más duro. No puede pedir un préstamo, porque en la informalidad solo encuentra el gota a gota. Se ajusta comiendo menos, sacando a un hijo de la escuela o aplazando el médico. Sin duda hará lo posible por salir adelante.

Si el Nobel nos enseña que las decisiones del hogar mueven la economía, la conclusión es que hay que darles herramientas a esos hogares y sobre todo a quien toma esas decisiones.

¿Cuáles herramientas?... simple: crédito, formalización de los predios, empleo formal, que es el mejor seguro que puede tener una familia. También necesita información clara y permanente de precios, suelos y clima, para poder planear, porque a ciegas nadie lo hace bien.

Las familias colombianas han aguantado más crisis de las que cualquier modelo puede explicar. Y lo han logrado gracias a mujeres que saben estirar la plata mejor que muchos ministros de Hacienda.

UNIRSE A WHATSAPP