El potencial que Colombia no está exportando
Comentarios
Claudia Calero Cifuentes

El potencial que Colombia no está exportando

23 de septiembre de 2026
MÁS COLUMNAS DE ESTE AUTOR
UNIRSE A WHATSAPP

Colombia tiene lo que muchos países envidiarían, entre siete y 20 millones de hectáreas de frontera agrícola sin usar, la sexta reserva de agua dulce del planeta según la FAO, y sectores agroexportadores con más de un siglo de trayectoria y acceso preferencial a decenas de mercados. Las ventajas sobran, pero sigue siendo un reto el que convirtamos esto en exportaciones reales.

Las comparaciones son odiosas, sin embargo, esta vale la pena para que nos despertemos: Brasil exporta cerca de US$150.000 millones en productos agrícolas al año y su agroindustria representa 25% de su PIB. En contraste, el sector agropecuario de Colombia apenas llega a 6%.

No es que Brasil tenga mejor tierra o un clima más favorecedor, sino que convirtió la región del Cerrado en despensa agrícola a punta de investigación, creó Embrapa y más de cuarenta centros dedicados a eso desde 1973. Perú hizo algo parecido con distritos de riego, apertura comercial y un régimen laboral pensado para la estacionalidad de su campo. Mientras tanto, en Colombia llevamos veinte años hablando de agenda de competitividad sin convertirla en política de Estado.

El "costo país" explica buena parte del rezago. Colombia ocupa el puesto 59 entre 70 economías en el ranking de competitividad del IMD 2026, con costos logísticos que duplican el promedio de la Ocde, una tarifa de renta corporativa de 35% frente a 24,2% y el segundo costo de energía industrial más alto de América Latina. Con esas cuentas en contra, ningún empresario se anima a invertir a 10 o 20 años. El costo no es la única cuenta pendiente…

No hay nada de malo en que sigamos exportando materias primas frescas, ese es el punto de partida, pero el reto es darle una segunda vida a lo que producimos. Por ejemplo, del aguacate se puede decir que cuando la fruta no cumple los estándares para venderse en fresco, se convierte en aceite para aderezos. Nada se pierde, siempre que haya infraestructura y tecnología soportándolo.

Pero esa transformación necesita mercados donde venderse y en ese caso, seguir suscribiendo tratados es positivo, aunque no debería ser la meta mientras no aprovechemos los que ya tenemos. El acceso a Estados Unidos y la Unión Europea sigue subutilizado, con productos limitados por cuotas y otros frenados por barreras sanitarias sin resolver. Antes de salir a buscar mercados nuevos, deberíamos preguntarnos con honestidad qué pasó con los que ya abrimos.

Ahora que tenemos recursos limitados, porque “la olla la dejaron raspada”, la prioridad no puede desaprovecharse y es por eso que debemos concentrarnos en lo que nos puede hacer grandes. Necesitamos en Colombia un sistema de transporte multimodal que por fin conecte carreteras, ríos, ferrocarril y puertos; una estructura laboral que entienda que el agro en nuestro país no funciona como una fábrica que se ubica en una ciudad; un fondo que acompañe a las mipymes en el costoso camino de las certificaciones internacionales, en fin… el Estado tiene que terminar de preparar la cancha y el sector privado tiene que salir a invertir en conocimiento y a tejer cadenas o clústeres virtuosos en sus regiones.

La meta para 2030 debería ser que los productos procesados pasen de 16% actual a cerca de 30% del total de nuestras exportaciones agropecuarias. Esto significa duplicar las exportaciones de bienes transformados, de US$2.500 a más de US$4.500 millones al año. Desde mi punto de vista, lo que se necesita es empezar a ejecutar lo que ya se sabe que hace falta…

UNIRSE A WHATSAPP