El Niño también enferma
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Claudia Calero Cifuentes

El Niño también enferma

02 de octubre de 2026
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Cada vez que llega el fenómeno del Niño, hablamos del nivel de los embalses, de cuánto va a subir el precio de la energía y de cómo les irá a las cosechas. Sobre los efectos en la salud casi nadie habla. Y deberíamos…

La Organización Mundial de la Salud lo considera un multiplicador de riesgos. No es que El Niño traiga enfermedades, sino que les abre el camino. Según lo anunciado por el Ideam, lo más duro está por venir, porque este fenómeno tiene más del 70 % de probabilidad de ser muy fuerte y extenderse hasta marzo de 2027.

Ya lo estamos viendo con los incendios de las últimas semanas que han afectado miles de hectáreas de bosques, pastos y cultivos. En el Tolima las pérdidas agropecuarias hasta agosto superaban los 50.000 millones de pesos. En Villa de Leyva, el cerro San Marcos ardió durante una semana y fueron cerca de 1.200 hectáreas afectadas. En el Valle del Cauca, Buga completó 55 días de fuego cerca del páramo de Las Hermosas, entre Dapa y Yumbo se perdieron casi 600 hectáreas y en Cali las llamas alarmaron a los habitantes de Menga, un barrio al norte de la ciudad.

Esos incendios criminales se desbordan y afectan la salud, especialmente la de niños y adultos mayores. Además, son un problema para el abastecimiento de agua. Por ejemplo, en Suárez, Tolima, el fuego estuvo 17 días amenazando la bocatoma que surte al municipio. Y están las personas que lo han perdido todo. A don Jaime, un productor de papa, se le acabó su cosecha en tan solo una tarde y en Villa de Leyva se afectó un hotel. Insisto, varios de estos incendios no fueron accidentes. Alguien los provocó y el peso de la ley se debe sentir.

Mientras el fuego avanza, otro enemigo mucho más pequeño hace de las suyas. Es el mosquito del dengue. Según el Instituto Nacional de Salud, a mediados de septiembre el país ya sumaba cerca de 80.000 casos en el año, y el 62,6 % son niños y jóvenes menores de 20 años. El calor acelera el ciclo del mosquito y la sequía termina haciendo el resto. Cuando escasea el agua, muchas familias la guardan en tanques que, destapados, se vuelven criaderos. Pero el dengue no es lo único. El agua mal almacenada también trae diarreas e infecciones, el calor extremo provoca golpes de calor, sobre todo en niños y adultos mayores, y la OPS advierte que en Colombia hay riesgo de malaria y fiebre amarilla.

Ante este panorama, hay tres frentes en los que podemos marcar la diferencia si trabajamos juntos: el primero es la prevención, es decir, tapar los recipientes de agua, no quemar basuras ni residuos y denunciar a quien lo haga. El segundo, establecer alertas tempranas en los municipios, para los incendios y para las enfermedades causadas por mosquitos. Y el tercero, que el Gobierno Nacional, las gobernaciones, las alcaldías y el sector privado trabajen articulados, con un mismo plan.

Hay otro riesgo que ahora mismo no se ve. El terremoto del pasado 10 de agosto dejó fracturas en los diques del río Cauca en el norte del Valle. Ahora con El Niño, el río presenta caudales bajos y el problema parece lejano. Pero las lluvias van a volver, y cuando vuelvan, esos diques tienen que aguantar, por eso ahora es la oportunidad para repararlos, de lo contrario el próximo titular será el de inundaciones.

Por eso, el llamado es para los que están en el campo y en la ciudad. Todos podemos aportar usando el agua con responsabilidad, ahorrando energía, tapando los recipientes donde se cría el mosquito y estando pendientes de los más vulnerables. Cuidar la salud de la gente es primordial y prevenir hoy cuesta menos que lamentar las pérdidas de mañana.

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