Orden mundial y urea
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Cesar Palacio

Orden mundial y urea

29 de abril de 2026
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En Colombia, la cifra de importación de fertilizantes ya supera los 2M de TM por año. Para el sector, es importante comprender esta profunda relación de dependencia internacional, la cual se acentúa con la urea. Este insumo no solo es el principal fertilizante del mundo, sino que para nuestro país representa un reto estructural al no contar con producción propia de este commodity fungible, del cual en 2025 se importaron cerca de 650.000 TM. Como tal, la urea es una materia prima estandarizada cuyo valor comercial no depende de la marca o el origen, sino del cumplimiento de normas técnicas de calidad. Su naturaleza fungible implica que el producto es intercambiable por otro de la misma especie y condición, una característica que lo somete directamente a la dinámica de volatilidad del mercado global.

A nivel mundial, la producción se concentra en cuatro ejes estratégicos: la región de Asia-Pacífico, con China e India; el bloque de Medio Oriente y el Norte de África, con exportadores como Qatar, Arabia Saudita, Omán, Irán, Egipto y Argelia; Rusia y su zona de influencia como tercer pilar; y finalmente Norteamérica, con EE. UU. y Canadá.

En el contexto latinoamericano, el panorama es restrictivo. La producción de urea de Venezuela, aunque en momentos ha sido clave para el soporte de Colombia, hoy enfrenta disminuciones en capacidad productiva. Por su parte, Trinidad y Tobago, con la operación privada de Nutrien Ltd., representa una opción logística atractiva por fletes y tiempos de tránsito; no obstante, sería un error concluir que esta fuente garantiza por sí sola el suministro nacional, pues sus compromisos comerciales y decisiones corporativas responden a variables globales que no siempre coinciden con nuestras necesidades. Otros actores como Brasil, Argentina y Bolivia, aunque producen urea, destinan su oferta casi exclusivamente al alto consumo de sus mercados internos. Como alternativas cercanas de abastecimiento se destacan los mercados de origen en Estados Unidos y Canadá. Como referencia contextual, en 2025 se importaron para Colombia aproximadamente 321.000 T.M. de fertilizantes totales desde EE. UU. y cerca de 150.000 T.M. desde Trinidad y Tobago.

Los precios de la urea son altamente sensibles a lo que denomino "desórdenes mundiales". La historia reciente nos ofrece lecciones valiosas: la "tormenta perfecta" de 2007-2008 disparó los precios de los nutrientes esenciales (N, P, K) a máximos históricos en cuestión de meses. Posteriormente, la crisis sanitaria del COVID-19 y las disrupciones en la cadena de suministros incrementaron considerablemente los precios. Con la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, el mercado enfrentó un shock de oferta sin precedentes, alimentado por el encarecimiento del gas natural, cierres de plantas y bloqueos económicos.

Tras una breve estabilidad alcanzada a inicios de 2025, el reciente conflicto en el Golfo Pérsico ha vuelto a sacudir el mercado. El Estrecho de Ormuz es hoy el epicentro de la preocupación, dado que por allí transita cerca del 40% de las exportaciones mundiales de nitrogenados. Resulta anecdótico, pero revelador, que apenas quince días antes del inicio de esta hostilidad, algunos analistas proyectaban una tendencia a la estabilidad de precios o leve baja; hoy, la realidad es otra. Al 17 de abril de 2026, los anuncios de cese al fuego y reapertura de exportaciones generaron una caída momentánea de precios que rebotó rápidamente ante la incertidumbre. A esto se suma que China ha vuelto a intensificar sus restricciones de despacho para blindar su seguridad alimentaria.

A través de diversas épocas, el mercado ha experimentado situaciones de desórdenes puntuales y temporales que incrementan los precios de fertilizantes como la urea, impulsados por factores que van desde nuevos costos operativos para los productores, como los recientes impuestos ambientales, hasta el encarecimiento del gas o la energía necesarios para su fabricación. A estos elementos se suman el cierre temporal o definitivo de plantas de producción y la volatilidad en la tasa de cambio, la cual se ve afectada directamente por factores internacionales de diversa índole. Asimismo, los desórdenes logísticos juegan un papel crucial, manifestándose en incrementos de precios por el transporte de otros materiales, retrasos en los descargues, épocas de limitada disponibilidad de barcos y las temporales dificultades de tráfico en puntos críticos como el Canal de Panamá. Por otra parte, la estacionalidad de los grandes consumidores suele jalonar el alza de precios, de tal manera que cuando potencias como India, Brasil, EE. UU. y Europa entran al mercado, se generan presiones alcistas por el lado de la oferta. Finalmente, un factor que no necesariamente constituye un desorden pero afecta directamente el flujo mundial son las restricciones a las exportaciones que China implementa de manera recurrente para proteger su propia producción agrícola nacional.

Es importante considerar que los factores analizados también pueden ejercer una presión a la baja sobre los precios bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, una revaluación de la moneda local, que se traduce en una menor tasa de cambio; puede repercutir directamente en la reducción del precio de venta nacional. Asimismo, una mayor disponibilidad de buques suele estabilizar o disminuir los costos de los fletes marítimos. Por el lado de la oferta, la reapertura de plantas de producción, impulsada por una reducción en los precios internacionales del gas natural, incrementa la disponibilidad del producto en el mercado, favoreciendo la estabilización o el descenso en precios de las cotizaciones.

Al final, los desórdenes mundiales alteran los fundamentos de la ley de oferta y demanda. En el mercado de fertilizantes, cuando la demanda agrícola se mantiene firme frente a una oferta que se contrae por crisis energéticas o bloqueos, el resultado inevitable es una presión inflacionaria. Este fenómeno responde a una dinámica económica donde, ante una demanda que puede definirse inelástica, cualquier reducción en la disponibilidad genera una escasez relativa que fuerza un ajuste en el precio de equilibrio. Es fundamental entender que la urea actúa como el principal referente (benchmark) del sector; debido a su alta demanda y volumen de comercio, sus fluctuaciones de precio suelen jalonar y definir la tendencia de los demás nutrientes químicos a nivel global.

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