Una Fuga de cerebros por crisis de seguridad
Casa de campo
Brayan Xavier Becerra

Una Fuga de cerebros por crisis de seguridad

25 de febrero de 2026
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La popular frase ‘fuga de cerebros’ es una realidad que viene viviendo el país desde hace varios años. Según cifras de Migración Colombia y del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos son más de 1,3 millones los colombianos que se han ido del país para buscar mejores oportunidades en otros territorios. No por nada se debe el récord de remesas que superó los US$13.000 millones.

Esto no se ve solo en las ciudades, los profesionales del campo también están viendo limitaciones para seguir ejerciendo sus labores en la tierra que nacieron. El veterinario y zootecnista Jorge Silva, quien fue ganadero y hacía parte de las filas de Fedegan en Colombia es solo uno de muchos ejemplos en los que profesionales del agro encuentran en el exterior las condiciones de seguridad y estabilidad que no hallan en su propio país.

La ganadería colombiana es reconocida internacionalmente por la formación de su talento rural altamente especializado. Universidades, gremios y familias han apostado por profesionales capaces de modernizar la ganadería, la agricultura y la producción de alimentos. Sin embargo, ese esfuerzo se diluye cuando el entorno de inseguridad convierte el ejercicio profesional en una actividad de alto riesgo.

El campo colombiano sigue siendo, en muchas regiones, un territorio donde la violencia, la extorsión y el temor cotidiano condicionan las decisiones de vida. Para un veterinario que debe desplazarse a fincas apartadas, para un agrónomo que recorre veredas o para un ganadero que invierte en genética, la seguridad es un requisito mínimo. Cuando ese piso básico falla, la decisión de migrar deja de ser aspiracional y se vuelve defensiva.

Lo preocupante es que la salida de estos perfiles no solo afecta trayectorias individuales. Cada profesional que se va representa conocimiento que no se transfiere, innovación que no llega al territorio y productividad que el país deja de capturar.

En sectores como la ganadería la pérdida de capital humano puede traducirse en años de atraso, mientras que países del primer mundo capitalizan esa fuga de talentos.
Reciben profesionales ya formados, con experiencia en condiciones complejas y con alta capacidad de adaptación.

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