Un motor para el futuro ganadero colombiano
La competitividad de la ganadería colombiana no depende únicamente del tamaño de los hatos, la extensión de las fincas o el volumen de animales comercializados. También está determinada por la calidad genética, la capacidad de producir más eficientemente y el conocimiento con el que cada ganadero toma decisiones. En ese escenario, el desarrollo de genética de élite representa una oportunidad para transformar el sector y fortalecer su sostenibilidad.
El trabajo de criaderos como la Central Genética Buenavista demuestra que la selección genética es un proceso de largo aliento. El desarrollo de ‘Hebreo’, un toro Simmental que ha ganado reconocimientos en exposiciones nacionales y cuya genética se comercializa dentro y fuera de Colombia, refleja cómo la combinación de criterios técnicos, seguimiento productivo y planificación puede generar animales con características de interés para el mercado.
Sin embargo, el valor de un ejemplar sobresaliente no debería medirse únicamente por sus premios en las pistas. Los campeonatos son una vitrina importante, pero el verdadero impacto de la genética se comprueba en las fincas: en la productividad de las crías, la calidad de los animales, su adaptación y su aporte a los objetivos de cada explotación.
La ganadería colombiana necesita precisamente esa visión integral. En sistemas de doble propósito, por ejemplo, no basta con buscar animales que produzcan más leche o desarrollen mayor musculatura. Se requieren ejemplares equilibrados, funcionales y capaces de responder a las condiciones de alimentación y manejo de cada región. La selección también debe considerar el tamaño, la estructura y las necesidades nutricionales, porque la productividad pierde atractivo si los costos de mantenimiento resultan demasiado elevados.
La inseminación artificial y la comercialización de pajillas permiten ampliar el alcance de un reproductor y llevar sus características a diferentes hatos. Pero esta herramienta solo alcanza su máximo potencial cuando se utiliza con criterio. No se trata de inseminar todas las vacas con el toro más costoso o reconocido, sino de identificar las fortalezas y debilidades de cada hembra para escoger el cruce que mejor responda a las metas productivas. Este proceso exige registros, trazabilidad y evaluación permanente de la descendencia.