Que el Día del Campesino no sea otra fecha vacía
Casa de campo
Mateo Medina Ariza

Que el Día del Campesino no sea otra fecha vacía

10 de junio de 2026
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El 2 de junio conmemoramos el Día del Campesino, una fecha establecida por decreto que busca honrar la labor de los trabajadores agrícolas, exaltar su aporte en el desarrollo económico, la seguridad alimentaria y la preservación de las culturas y tradiciones colombianas.

Pero, esta jornada se está convirtiendo en una fecha más del calendario. Poco o nada se le pone atención a esta población, que representa casi 30% de la demografía nacional. Según estadísticas del Dane, en el país hay 52,3 millones de habitantes, de los cuales 14,9 millones son campesinos. Esto quiere decir que tres de cada diez colombianos son campesinos.

Esta misma proporción se refleja en las cifras del mercado laboral. De los 23,8 millones de ocupados que hay en Colombia, 28% son campesinos. Y aunque son una porción importante de la demografía y sus labores son esenciales para el Producto Interno Bruto, el Estado sigue haciéndose el de la vista gorda.

Al desmenuzar las cifras del PIB, encontramos que el agro representa aproximadamente 10% de la economía, siendo los cultivos agrícolas transitorios, la ganadería, la siembra de café, la pesca y la silvicultura las principales actividades del campo, las cuales, en conjunto, representaron 184,5 billones de pesos al cierre de 2025.

A los campesinos los dejamos de lado en temas laborales. Si bien es un sector con dinámicas muy particulares, la informalidad en el campo supera 80%, según cálculos de la Sociedad de Agricultores de Colombia. Mientras en las ciudades el foco se pone en la reducción de la jornada laboral o la discusión del salario mínimo, los campesinos buscan dos o hasta tres trabajos para llevar el sustento a sus familias. Para ellos parece que no hay leyes laborales que realmente los cobijen.

Aunque muchos gobiernos han tenido buenas intenciones o han intentado incluirlos en sus planes de desarrollo, estas iniciativas siempre terminan diluidas en las agendas del Congreso o en discursos vacíos.

Sin embargo, esta población demostró que se puede reinventar. Aunque la mayoría se los 6,5 millones de campesinos trabajan en labores agrícolas, otros están migrando a labores como el comercio, que emplea a 823.468 personas. Le siguen las industrias manufactureras, con 517.342; las actividades artísticas y de entretenimiento, con 468.504; y la construcción, con 451.325.

Esta columna no se trata de generar lástima o pesar por esta comunidad; se trata de que pensemos que el campesinado es una fuerza a la que, si le damos un empujón, puede transformar la economía.

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