La oportunidad que se está perdiendo con el arándano
Colombia suele llegar tarde a las grandes oportunidades del agro. Cuando por fin identifica un producto con alto potencial, ya hay países que tomaron ventaja, consolidaron áreas, desarrollaron tecnología y se posicionaron en los mercados.
El arándano es el ejemplo más reciente de esta historia que se repite. Hoy el país tiene alrededor de 1.000 hectáreas sembradas en arándano, una cifra que suena prometedora si se compara con las apenas 100 hectáreas que había hace una década.
Sin embargo, el dato pierde brillo cuando se pone en contexto internacional. Perú, nuestro principal competidor regional, supera las 25.000 hectáreas y exporta de forma constante a Estados Unidos, Europa y Asia. Mientras tanto, Colombia sigue en una fase casi experimental, con producción dispersa, poca escala, pero con grandes esfuerzos liderados por los gremios de los berries.
La paradoja es que la oportunidad está servida. El arándano es una fruta con alta demanda tanto en el mercado nacional como internacional. En Colombia, la producción actual ni siquiera alcanza a cubrir 100% del consumo interno, y una parte del producto que se encuentra en supermercados todavía es importado.
En exportaciones, la brecha es aún mayor: el país está lejos de cumplir con un contenedor semanal, que es el mínimo requerido para una operación sostenible y atractiva para los compradores internacionales.
El problema no es agronómico, es estructural. El arándano exige inversión, tecnología, manejo técnico y visión empresarial. No es un cultivo de subsistencia. La inversión ronda los $1.200 millones por hectárea, una barrera de entrada alta para la mayoría de productores. Además, se requieren al menos tres hectáreas para ser competitivos en el mercado nacional y, por lo menos, 100 hectáreas para jugar en serio en el mercado internacional.
Sin escala, no hay logística eficiente, ni volúmenes estables, ni contratos de largo plazo. Eso no significa que el negocio no sea rentable. Por el contrario, bien manejado, el arándano puede dejar retornos de entre 20% y 40%. Pero esos márgenes solo se logran con inversión a mediano y largo plazo, con tecnificación real, riego, fertirriego, genética adecuada, certificaciones y acceso a mercados.
Colombia tiene condiciones climáticas privilegiadas, disponibilidad de tierras y cercanía a mercados estratégicos y todas las condiciones para explotar un mercado que tiene un enorme potencial para el agro colombiano.