El agro está atravesando una tormenta perfecta
El agro colombiano atraviesa un momento en el que varios problemas ya forman una ecuación que amenaza seriamente su viabilidad. La combinación de un peso revaluado, mayores costos laborales, dificultades climáticas, aranceles y menores precios internacionales configura un escenario que no debería verse como pasajero.
Para un sector que depende de las ventas externas, la caída de la tasa de cambio tiene un efecto directo: cada dólar exportado se convierte en menos pesos. El paso de una TRM de $4.400 a comienzos de 2025 a $3.100 significa una reducción cercana a 30% en los pesos recibidos por dólar. Flores, café, banano y frutas tienen alta exposición a los mercados internacionales.
A esto se suma el incremento del salario mínimo de 23% en 2026 y la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales. Defender mejores condiciones para los trabajadores es indispensable, pero también reconocer la realidad del campo: en actividades intensivas en mano de obra, esta puede representar cerca de la mitad de los costos. Si el aumento no está acompañado de mayor productividad, mejores precios o una tasa de cambio favorable, la rentabilidad puede desaparecer.
El clima completa la ecuación, ya que después de un 2025 muy lluvioso, aparece el riesgo de un fenómeno de El Niño de gran intensidad. A ello se agregan aranceles que han afectado productos colombianos en Estados Unidos, con impactos sobre las flores. Es, como lo definen los exportadores como una “tormenta perfecta”.
Lo preocupante es que el problema no termina en las empresas. En el campo, cerrar una operación significa perder empleos, conocimiento e inversión.
Por ejemplo, el limón y el aguacate pueden generar un empleo directo por cada tres hectáreas; el banano, uno por hectárea, y las flores, hasta 15. Detrás de cada cultivo hay familias que viven de este sustento.
Por eso el debate no puede reducirse a defender al empresario o al trabajador. Se trata de preservar una actividad que genera empleo y exportaciones y que, de por sí, representa el oficio principal del país.
Colombia necesita una conversación urgente para reducir el costo de producir y exportar, incorporar tecnología y mejorar infraestructura, crédito y trámites. Si el agro pierde rentabilidad, el país perderá oportunidades de desarrollo rural.