Carne a EE.UU., oportunidad de oro para la ganadería
Colombia tiene frente a sí una oportunidad de oro, pero también el riesgo de perderla por una de nuestras viejas especialidades: la tramitología. Estados Unidos acaba de abrir una ventana extraordinaria al autorizar la importación adicional de 300.000 toneladas de carne durante los próximos 90 días, mientras enfrenta una escasez de ganado y carne. Y Colombia tiene con qué competir: un hato de 30 millones de bovinos, con razas cebuinas alimentadas a pasto, según explicó bien el presidente de Fedegan, José Felix Lafaurie, al solicitar al Gobierno celeridad en la aprobación.
El problema es que la oportunidad tiene reloj. Fedegan alerta que, mientras aquí se acumulan trámites, estudios y pendientes para lograr la admisibilidad sanitaria, otros países pueden ocupar el espacio que hoy ofrece el mercado estadounidense. No se trata de correr a ciegas ni de sacrificar los estándares sanitarios. Se trata de que las instituciones colombianas entiendan que, en comercio internacional, la velocidad también es una forma de competitividad.
Sin embargo, la semana pasada se encendió una luz con el anuncio del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, de adelantar conversaciones con el CEO de Minerva Foods, Daniel Mazzocco, para iniciar el proceso de llevar carne colombiana a los mercados de Estados Unidos e Israel.
Fedegan ha planteado que los ministerios de Comercio y Agricultura, la Cancillería, el ICA y el Invima se sienten con el gremio y revisen de inmediato lo que falta. Esa coordinación parece elemental, pero precisamente ahí puede estar la diferencia entre aprovechar el momento o verlo pasar.
El mercado es enorme. Estados Unidos tiene unos 350 millones de habitantes y demanda carne magra para mezclar con cortes grasos y abastecer la carne molida. Cada estadounidense consume entre 150 y 156 hamburguesas al año. Colombia, en palabras del presidente de Fedegan, “puede producirla”: con animales alimentados de manera natural, ganadería sostenible y razas élite.
La oportunidad tampoco debería medirse únicamente en toneladas exportadas. Una demanda sostenida podría dinamizar toda la cadena ganadera y mejorar los ingresos de miles de productores, incluidos pequeños ganaderos del Caribe y del trópico bajo.