El maíz y el pescado: más allá de una combinación gastronómica
Comentarios
Carlos Alberto Robles

El maíz y el pescado: más allá de una combinación gastronómica

04 de mayo de 2026
MÁS COLUMNAS DE ESTE AUTOR
UNIRSE A WHATSAPP

En Colombia solemos pensar en la acuicultura como solo los peces y el agua en estanques de tierra o jaulas flotando en lagunas y embalses. Sin embargo, detrás de cada filete de tilapia, trucha y cachama cultivada en nuestras aguas hay un protagonista silencioso: el alimento y dentro de este el maíz. Este grano, tan arraigado en nuestra cultura alimentaria, es también aporte fundamental de la acuicultura nacional.

El maíz es una de las principales fuentes de energía en las dietas comerciales para peces como lo son tilapia, trucha, cachama y otras especies nativas cuyas dietas incluyen este insumo para crecer en sistemas confinados. La acuicultura colombiana, que hoy alcanza cerca de 240,000 toneladas de producción anual y crece a una tasa cercana al 9% anual, no podría sostenerse sin el aporte del maíz en la nutrición de sus especies.

La geografía productiva es diversa: tilapia en aguas cálidas distribuidas por todo el país, cachama en zonas bajas y trucha en departamentos de altura como Cundinamarca - Boyacá, Nariño, Eje Cafetero y Antioquia. La actividad es desarrollada tanto por grandes empresas exportadoras como en pequeñas granjas familiares, donde la acuicultura se convierte en fuente de soberanía alimentaria y generación de ingresos. En estas fincas es común encontrar sistemas agroacuícolas integrados: parcelas con frutales, plátano y maíz, entre otros, que alimentan directamente a los peces, cerrando ciclos productivos y fortaleciendo la economía campesina.

El vínculo entre maíz y acuicultura también se refleja en la industria de alimentos balanceados. Empresas especializadas han desarrollado dietas diferenciadas para cada especie y etapa de crecimiento, garantizando trazabilidad y calidad nutricional. Este avance en investigación y desarrollo ha permitido que Colombia exporte hoy más de 20,000 toneladas de productos acuícolas, en forma de filetes y pescado entero, con estándares internacionales de inocuidad.

No obstante, persisten retos. La volatilidad de los precios del maíz, en gran parte por la dependencia de importaciones, impacta directamente la rentabilidad de los cultivos acuícolas. La sostenibilidad ambiental exige explorar alternativas como subproductos agrícolas o harinas vegetales para diversificar las fuentes de nutrientes. Y la política pública debe integrar la planeación agrícola y acuícola, reconociendo que ambos sectores son interdependientes y estratégicos para la seguridad alimentaria del país. Es así que Fedeacua hace parte de la campaña Maíz Fuerte País Fuerte destacando así la relevancia de este grano en la acuicultura nacional.

Detrás de cada pez cultivado en Colombia hay granos de maíz que sostienen la producción, la soberanía y la seguridad alimentaria. Reconocer esta relación es fundamental para fortalecer la acuicultura como motor de desarrollo rural y para consolidar al maíz no solo como alimento humano, sino como aliado silencioso de la proteína acuícola que llega a nuestras mesas.

UNIRSE A WHATSAPP