La Cepal alertó que un El Niño extremo restaría al menos 2% del PIB de América Latina
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La Cepal alertó que un El Niño extremo restaría al menos 2% del PIB de América Latina

El fenómeno podría sumar hasta 4,8 millones de personas a la pobreza y afectar energía, agricultura, pesca e infraestructura regional
Bloomberg
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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, advirtió que un episodio extremo del fenómeno de El Niño, como el que se proyecta, podría generar una pérdida acumulada de al menos 2% del Producto Interno Bruto de América Latina durante un periodo de tres años.

Además, sumaría hasta 4,8 millones de personas a la pobreza hacia finales de la década, frente a un escenario sin este fenómeno climático.

La advertencia está contenida en el Informe Especial No. 3, 'Los efectos del fenómeno El Niño en América Latina y el Caribe y recomendaciones para enfrentarlo', liderado por el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs. Según el organismo, la mitad de la pérdida económica estimada se concentraría durante el primer año de ocurrencia del fenómeno.

La Cepal señala que las proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, Noaa, indican una probabilidad superior a 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027. Además, estima una probabilidad de 69% de que alcance una magnitud histórica, denominada “Súper El Niño”, con anomalías de la temperatura superficial del mar superiores a 2,5 °C o 3 °C en la región Niño 3.4.

El organismo advierte que los impactos económicos serían heterogéneos y persistentes, con posibles efectos sobre el PIB real, la inflación, la pobreza y sectores como energía, pesca, agricultura e infraestructura. La situación se presenta, además, en un contexto en el que el cambio climático antropogénico amplifica la variabilidad natural.

Uno de los riesgos está en el sector energético, ya que en varios países de la región, la generación hidroeléctrica representa más de 70% de la matriz eléctrica, mientras que más de 50% de la capacidad instalada tiene más de 30 años. Para octubre-diciembre de 2026, la probabilidad de déficit de precipitaciones alcanza 60% y 31,1% del territorio regional se encuentra en alerta alta, según el informe.

Las altas temperaturas también podrían elevar la demanda de electricidad para climatización en ciudades como Lima, São Paulo y Ciudad de México, en momentos de menor disponibilidad hídrica, lo que aumenta el riesgo de cortes eléctricos y sobrecostos operativos.

La pesca también estaría entre las actividades afectadas. El debilitamiento de la surgencia de aguas frías en el Pacífico reduciría el fitoplancton y alteraría la disponibilidad de especies como anchoveta, sardina y merluza. En anteriores episodios de Súper El Niño, las capturas pesqueras regionales disminuyeron 52,7% entre 1972 y 1973 y 26,9% entre 1997 y 1998.

Gráfico LR

En el sector agropecuario, la Cepal identifica probabilidades superiores a 70% de sequías que afectarían la actividad durante los próximos meses en el Corredor Seco Centroamericano, Colombia, Venezuela y países del Caribe como Cuba, República Dominicana y Haití. El riesgo alcanza cosechas básicas, disponibilidad de forraje e ingresos rurales.

Ante este escenario, la Cepal plantea diez medidas que incluyen planificación climática, infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana, seguros climáticos, protección de cadenas productivas, restauración de ecosistemas, cooperación regional, diversificación de la matriz eléctrica, gestión hídrica, protección social y eficiencia energética:

  1. Planificación con horizonte de cambio climático: Asumir el riesgo climático como criterio permanente en las políticas nacionales y marcos normativos.
  2. Infraestructura resiliente y alertas tempranas: Destinar recursos a la protección física de activos e infraestructuras estratégicas e implementar sistemas de alerta tempranas.
  3. Mecanismos financieros contingentes y seguros climáticos: Disponer de fondos de reserva, bonos catastróficos y seguros para proveer liquidez inmediata.
  4. Resiliencia en cadenas productivas y asentamientos: Proteger los medios de vida en zonas críticas como el Corredor Seco y comunidades pesqueras, entre otras.
  5. Ecosistemas resilientes y sostenibilidad: Restaurar barreras naturales (arrecifes y manglares) y aplicar cuotas y vedas pesqueras dinámicas.
  6. Cooperación regional e integración energética: Coordinar la gestión de cuencas transfronterizas u otros recursos compartidos, y compartir reservas de energía entre países.
  7. Diversificación de la matriz eléctrica: Fomentar la complementariedad renovable (hidrosolar y eólica) para reducir la dependencia de las lluvias.
  8. Gestión hídrica integral por cuenca: Monitorear caudales y embalses a escala local para priorizar el consumo humano y la generación.
  9. Redes de protección social focalizadas: Otorgar transferencias monetarias directas a hogares vulnerables para contener el aumento de la pobreza y la inseguridad alimentaria.
  10. Eficiencia energética y gestión de demanda urbana: Aplicar programas temporales de ahorro y gestión de picos de consumo durante olas de calor.

José Manuel Salazar-Xirinachs sostuvo que las respuestas adoptadas después de una emergencia son más costosas que las medidas preventivas y llamó a pasar de una reacción posterior a las pérdidas hacia una gestión anticipatoria del riesgo climático.

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