¿Cómo hacer un adecuado aprovechamiento de aguas subterráneas en fincas ganaderas?
El Ideam ya avisó que hay una probabilidad cercana a 81% de que el Fenómeno de El Niño se presente “muy fuerte” en el periodo de octubre a diciembre de este año, y en 97% de que se intensifique y permanezca hasta el primer trimestre de 2027.
Este panorama indica que, en ese lapso, habrá condiciones más secas y cálidas que afectarán gran parte del territorio nacional y la mayoría de actividades productivas en el campo, entre ellas la ganadera.
En ese escenario, una de las consecuencias que más angustia a los ganaderos es el desabastecimiento hídrico, un recurso clave para el bienestar animal y para sus procesos productivos. Por eso, ante este panorama surge la necesidad de pensar en posibles soluciones que aseguren la disponibilidad de agua en sus fincas y que su labor no se vea tan golpeada por estas condiciones. Entre ellas se encuentra el aprovechamiento de aguas subterráneas, lo cual depende de diversos factores.
Agustín Zimmermann, representante de la FAO en Colombia, explica que esta debe ser una decisión técnica, planificada y ajustada a la normatividad ambiental, pues no se trata simplemente de perforar un pozo, sino de conocer primero si el territorio cuenta con un acuífero, cuál es su capacidad de recarga y qué volumen de agua puede extraerse sin comprometer su sostenibilidad. En su concepto, no todas las fincas cuentan con las condiciones para aprovechar aguas subterráneas de forma sostenible, por lo cual, antes de tomar cualquier decisión es necesario evaluar las características geológicas del terreno, la disponibilidad y capacidad de recarga del acuífero, la calidad del agua, la profundidad de perforación, la demanda hídrica del sistema productivo y las restricciones ambientales existentes.
“Para ello, el primer paso es realizar un estudio hidrogeológico que permita identificar la disponibilidad y calidad del recurso. Con base en estos resultados se define el diseño del pozo, se realizan las pruebas de bombeo y se obtiene el permiso de la autoridad ambiental competente. Posteriormente, es fundamental hacer seguimiento al comportamiento del acuífero y promover un uso eficiente del agua”, dice el vocero.
Sin embargo, Zimmermann enfatiza que la gestión del agua no debe reducirse a la extracción de agua subterránea, ya que, en muchos casos, es más eficiente combinar distintas estrategias de adaptación, como la cosecha y almacenamiento de aguas lluvias, la construcción de reservorios, la protección de nacimientos y rondas hídricas, la restauración de áreas de recarga, la conservación de los suelos y la implementación de sistemas silvopastoriles.
“Somos un país rico en aguas subterráneas”
Marcela Jaramillo, geóloga, doctora en Hidrogeología y profesora titular de la Escuela de Ciencias Aplicadas a Ingeniería de la Universidad Eafit, recuerda que Colombia es un país rico en aguas subterráneas. De hecho, cita estudios del IDEAM que señalan que esta representa el 70% del agua continental, lo cual indica que la disponibilidad de este recurso es muy alta en la mayoría de territorios. Sin embargo, esto no quiere decir que siempre sea apta para su aprovechamiento, sobre todo en actividades como la ganadería.
Por eso, su recomendación para el productor ganadero que desee explorar la posibilidad de aprovechar el agua subterránea es acudir a los estudios que publican el Ideam o las corporaciones autónomas regionales que tienen jurisdicción en sus territorios, y revisar si en sus suelos está disponible este recurso.
Para Agustín Zimmermann, de la FAO Colombia, el costo de la implementación de un sistema de aprovechamiento de aguas subterráneas puede variar dependiendo de la profundidad del acuífero, las condiciones geológicas, los estudios requeridos, la infraestructura de perforación y los sistemas de bombeo y almacenamiento.
“Es una inversión importante, por lo que debe estar respaldada por estudios técnicos y un análisis de viabilidad económica. No obstante, cuando el proyecto es adecuado y el recurso se utiliza de manera sostenible, puede convertirse en una herramienta que fortalezca la seguridad hídrica y reduzca la vulnerabilidad de la producción frente a eventos climáticos extremos”, afirma.
Sin embargo, es bueno tener presente que muchas prácticas de manejo sostenible del agua, como mejorar la cobertura vegetal, conservar los suelos, establecer sistemas silvopastoriles o captar aguas lluvias, generan otros beneficios con inversiones menores y, además, fortalecer los servicios ecosistémicos de los que depende la producción agropecuaria.