Cerca de 92% de la energía eléctrica en el país podría obtenerse con residuos agrícolas
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Cerca de 92% de la energía eléctrica en el país podría obtenerse con residuos agrícolas

En 2020 se generaron 85.014 GWh de bioenergía, convirtiéndose en la segunda fuente energética más importante de América Latina
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Según una investigación realizada por la Universidad de Antioquia (Udea) y la Universidad Nacional de Colombia (Unal), las biomasas residuales de palma de aceite, caña de azúcar, café, banano y árboles madereros, tienen el potencial de suplir gran parte de la demanda de energía eléctrica del país. Cerca de 92,51 % de la cantidad de electricidad que se requiere podría satisfacerse a través de la gasificación de estos residuos.

El hallazgo e identificación de fuentes alternativas de bioenergía cada vez está ganando más relevancia en el sector industrial. Según los informes de la Agencia Internacional de la Energía, para 2019 las energías renovables representaron 23,2% de la generación eléctrica mundial, mientras que la energía generada con carbono fue de 37,8%.

De esta manera, la bioenergía se perfila como la cuarta fuente de energía más importante en el mundo, después del petróleo, el carbón y el gas natural. En el caso de la región de América Latina, en 2020 se generaron 85.014 GWh de bioenergía, convirtiéndose en la segunda fuente energética más importante del continente, después del petróleo.

Dada su alta biodiversidad y recursos, en el país la producción de cultivos a gran escala genera un flujo constante de biomasa, el cual podría ser aprovechado para la producción de energía. Por ejemplo, en 2019, la actividad agrícola total del país fue de 63,2 millones de toneladas, que se dividió así: caña de azúcar, 23 millones de toneladas; caña panelera, 11 millones de toneladas; racimos de frutos de palma aceitera, 6,6 millones de toneladas; plátano, 4,1 millones de toneladas; y arroz, 1,9 millones de toneladas, entre otros cultivos.

Teniendo esto en cuenta, la investigación realizada entre ambas universidades estima que el potencial bioenergético de Colombia se encuentra entre 400 y 750 pentajulios (PJ) por año. Este nivel se calculó utilizando los cultivos más grandes, los desechos animales, los residuos forestales y los residuos urbanos como las principales fuentes de biomasa, considerando la cogeneración y la biodigestión como las tecnologías de transformación.

Para esto, los expertos de los grupos de investigación en 'poscosecha de productos agrícolas' del departamento de ingeniería civil y agrícola de la Unal, sede Bogotá y 'procesos químicos Industriales de la Udea', realizaron una revisión bibliográfica detallada para reconocer los procesos de aprovechamiento energético aplicados a diferentes biomasas en el país, se tomaron datos oficiales de producción de algunos procesos agrícolas y estadísticas directas de varios gremios, para posteriormente priorizar las biomasas empleando criterios técnicos, ambientales y sociales.

Las biomasas priorizadas pertenecieron a los sectores agroindustriales de la palma de aceite, la caña de azúcar, caña panelera, café, banano, reforestación para aprovechamiento de madera y adicionalmente las podas municipales.

"Se realizaron visitas técnicas a las cadenas agroindustriales que generaban las biomasas priorizadas para validar los datos encontrados en la literatura e identificar los aspectos logísticos de primera mano que permitieran confirmar la disponibilidad del material, sus características y la posibilidad de implementar la gasificación como un proceso de transformación termoquímica en empresas representativas de estos sectores", explicó el investigador Andrés Montaña de la Unal.

Los resultados evidenciaron que el potencial energético calculado para las biomasas colombianas podría satisfacer gran parte de la demanda eléctrica del país mediante el uso de residuos de troncos de palma aceitera, frondas de palma aceitera, madera de café y aulagas, que muchas veces son recursos subvaluados.

Cabe resaltar que, en el estudio participaron, Claudia Patricia Pérez-Rodríguez, profesora de la Unal, y los investigadores Carmen Sofía Duarte González, Andrés Montaña y Catalina García Marroquín, del grupo de investigación poscosecha de productos agrícolas del departamento de ingeniería civil y agrícola. También participó Luis Alberto Ríos, del grupo de investigación de Procesos Químicos Industriales de la Udea.

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