Proyectos agro impulsados por mujeres rurales que han transformado el campo
Por muchos años, el papel de la mujer en el sector agrícola estuvo invisibilizado y subvalorado. Tradicionalmente, la narrativa del trabajo en el campo se centró únicamente en los hombres, mientras que se asumía que las mujeres cumplían solo funciones de asistencia o cuidado del hogar, pese a que su mano de obra siempre ha sido fundamental para la sostenibilidad del sector.
De acuerdo con cifras del Dane, para 2020 habitaban 5,9 millones de mujeres en las zonas rurales del país. De esta población, 29,4% representaba la fuerza laboral del sector agropecuario y 31,6% ejercía la jefatura femenina de su hogar, sosteniéndolo económicamente en muchos casos sin el apoyo de un cónyuge.
Muchas de estas mujeres iniciaron su vida laboral en el campo buscando un sustento para sus familias después de atravesar situaciones trágicas. En el corazón de los Montes de María, una región históricamente afectada por el conflicto armado, el liderazgo femenino se ha convertido en un motor para la reconstrucción económica.
Así lo relata Yoleida Salcedo, habitante de la vereda Pativaca, en la zona baja de El Carmen de Bolívar. Salcedo, se desempeña como representante legal de la Asociación Agroempresarial Nueva Pativaca, Asoagropac. Esta iniciativa fue legalizada en 2014, tras el proceso de retorno de tierras, aunque comenzó en 2007, luego de que la violencia expulsara a las empresas compradoras de tabaco negro y dejara a los cultivadores sin sustento. Ante esta crisis, la comunidad, conformada por 40 productores, decidió apostarle al cultivo de papaya. Hoy son productores con presencia nacional y comercializan principalmente en Barranquilla y Cartagena. Además, actualmente adelantan procesos de capacitación ante el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, para obtener el registro de predio exportador, con expectativas de llegar al mercado español.
Dentro de la asociación, Yoleida ha liderado la inclusión de 12 mujeres cabeza de hogar, muchas de ellas viudas del conflicto armado, vinculándolas formalmente en labores de lavado, empapelado y en la planta de transformación, donde elaboran dulces deshidratados con la fruta que no supera el filtro de venta en fresco. Esto les ha permitido generar ingresos propios y enfrentar las barreras culturales y el machismo presentes en la zona.
Más al norte, en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Valledupar, Cesar, Elcira María Torres se ha convertido en un referente de esta transformación en la vereda Los Palmitos. Esta caficultora de cuarta generación, con raíces indígenas, colidera el desarrollo de su comunidad como fundadora de la Asociación de Mujeres Caficultoras de Valledupar, Asmuycava. Torres ha tecnificado las parcelas mediante la implementación de protocolos de fermentación controlada y de las siete prácticas de poscosecha avaladas por Cenicafé.
Este rigor técnico ha permitido elevar la calidad del café y consolidar un modelo de negocio sostenible que cumple con los estándares del mercado internacional. Gracias a ello, han logrado exportar a mercados exigentes como Irlanda y Emiratos Árabes Unidos.
Por su parte, en Magdalena, el sector bananero ha avanzado hacia un mayor equilibrio en la participación de género en áreas que antes eran exclusivamente masculinas. Yamile Rodríguez, directora ejecutiva de la Fundación Banasan, lidera gran parte de estas iniciativas desde el municipio Zona Bananera, con impacto también en Ciénaga, Aracataca y Fundación. Oriunda de Plato, Magdalena, y con experiencia previa en el sector rural y de servicios públicos, Rodríguez dirige la fundación creada por los productores locales para reinvertir recursos en el entorno social.
Bajo su gestión se ha impulsado un cambio estructural en las políticas laborales implementadas durante años. Actualmente, cerca de 50% de los cargos administrativos en fincas, comercializadoras y fundaciones del sector bananero del departamento están ocupados por mujeres. Además del componente administrativo, la fundación promueve la contratación de mano de obra femenina en labores operativas específicas del proceso productivo, como la cosecha y el empaque. Para ello, implementa medidas internas de flexibilidad horaria y reducción de jornadas que facilitan el equilibrio entre la vida laboral y las responsabilidades familiares, especialmente para las madres cabeza de hogar.
Finalmente, en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, la gestión ambiental y la proyección internacional están lideradas por Peggy Lascano, colideresa de Frufreeze SAS. Esta empresa agroindustrial nació hace dos años con el objetivo de aprovechar los excedentes de las cosechas orgánicas locales y evitar el desperdicio de frutas exóticas. Lascano estructuró el negocio entendiendo que, para generar confianza en la comunidad rural, era indispensable tener presencia física en la vereda y adaptarse a las realidades de la población. Frufreeze trabaja con pequeños productores, a quienes brinda asistencia técnica especializada y acompañamiento para la obtención de registros del ICA y certificaciones orgánicas en pequeñas parcelas.
Bajo un modelo de agricultura regenerativa, exportan uchuva, gulupa y limón Tahití deshidratado hacia mercados europeos como Francia, Suiza y Alemania. El equipo de la planta de transformación está compuesto por cerca de 10 mujeres, de las cuales 90% son madres de familia. Para ellas se diseñó un sistema flexible de turnos, con posibilidad de rotación, que les permite combinar sus ingresos con labores de cuidado o cosechas externas, garantizando además prestaciones de ley superiores al jornal básico y un fondo de apoyo para calamidades domésticas.
El común denominador de estas cuatro apuestas agroindustriales radica en la comprensión empática de sus lideresas frente a las realidades que se viven en el campo. En estos espacios, el crecimiento resulta inviable si se ignora el papel fundamental que cumplen las trabajadoras como pilares de sus hogares.
Al priorizar el rol de las mujeres, cada una de estas lideresas ha estructurado políticas laborales que respetan y se adaptan a las exigencias de la maternidad, lo que demuestra que la productividad no está reñida con la flexibilidad horaria ni con el bienestar familiar.
Liderazgo frutícola y resiliencia rural
Yoleida Salcedo es líder en los Montes de María de una asociación de 40 productores ubicada en la vereda Pativaca, en la zona baja del Carmen de Bolívar. Tras el retorno al territorio por el conflicto armado y la desaparición del comercio tradicional de tabaco negro, la comunidad se reconvirtió hacia la producción tecnificada de papaya. Hoy comercializan con éxito en Barranquilla y Cartagena, mientras se certifican ante el ICA para lograr llevar su producto a mercados internacionales como España. El proyecto prioriza la vinculación de 12 madres cabeza de hogar y viudas de la violencia en el lavado, empapelado y en la planta de transformación para elaborar dulces y deshidratados.
La asociación ha logrado con diferentes medidas adaptar los roles y procesos a las realidades familiares que presentan cada una de sus integrantes, garantizando ingresos propios que les permiten mitigar los gastos de muchas de ellas al ser el único sustento de su hogar y al mismo tiempo, mitigar las barreras culturales de la región que se han presenciado durante años como consecuencia del machismo.
Caficultura de alta calidad y sostenible
Elcida Torres estudió zootecnia en la Universidad Nacional de Bogotá y es caficultora de cuarta generación. Torres tomó la decisión de regresar a su territorio para transformar la calidad de vida de su comunidad, con un enfoque especial en las condiciones laborales que las mujeres de esta región estaban presentando en sus lugares de trabajo. Como fundadora y líder de la Asociación de Mujeres Caficultoras de Valledupar, ha logrado convertir a la vereda Los Palmitos, en la Sierra Nevada, en el epicentro de la alta caficultura del Cesar.
Su propuesta nace de fusionar los saberes tradicionales con el rigor científico, implementando protocolos en los procesos de producción de fermentación controlada y poscosecha avalados por Cenicafé. Este enfoque y avance técnico les ha permitido exportar café especial de alta calidad a mercados internacionales que cuentan con altas exigencias de sanidad y calidad, como Irlanda y los Emiratos Árabes Unidos, consolidando un modelo donde el empoderamiento femenino y el relevo generacional son los ejes principales que posee el negocio.
Equidad social en el sector bananero
Como directora ejecutiva de la Fundación Banasan, Yamile Rodríguez lidera la estrategia de desarrollo social e ingresos de las comunidades en el territorio bananero del Magdalena, incluyendo los municipios de Ciénaga, Aracataca, Fundación y Zona Bananera. Su gestión ha impulsado un cambio estructural en una industria que históricamente ha sido reconodida solo por el personal masculino, para lograr que hoy 50% de las áreas administrativas de fincas, comercializadoras y fundaciones del sector en el departamento estén lideradas por mujeres.
La organización promueve la contratación femenina en labores operativas clave de la producción como pueden ser la cosecha y el empaque de los productos, aplicando al mismo tiempo políticas internas de bienestar que incluyen la reducción de la jornada de trabajo, horarios flexibles y permisos efectivos para el cuidado de hijos o adultos mayores, facilitando el balance entre la vida laboral y la maternidad que la mayoría de mujeres del sector presentan y que en años anteriores no fueron atendidas.
Berries con inclusión en sector productor
Peggy Lascano, colidera desde Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, una empresa agroindustrial enfocada en el aprovechamiento de cosechas orgánicas locales de frutas exóticas como uchuva, gulupa y limón Tahití deshidratado con destino a mercados europeos de alta exigencia como Francia, Suiza y Alemania.
Bajo un modelo de agricultura regenerativa, la empresa brinda asistencia técnica especializada y gestiona certificaciones internacionales para que pequeños productores en parcelas de corta extensión logren comercializar sus productos de la mejor manera. Su planta de transformación opera con un personal de aproximadamente 10 mujeres rurales donde 90% son madres de familia.
Lascano diseñó un sistema flexible de turnos flotantes y rotativos adaptado a los horarios escolares y dinámicas de cuidado de las trabajadoras y las necesidades de sus hijos, garantizando una jornada laboral con todas las prestaciones de ley como 5% adicional sobre el básico y un fondo de apoyo ante calamidades domésticas que puedan llegar a presentar.