Hallan los dos primeros nidos de la Caica suramericana en Casanare
Por primera vez en el país, un grupo de investigadores logró encontrar los dos primeros nidos de la Caica suramericana en Casanare, un ave pequeña y muy difícil de ver. Hasta el momento, los científicos solo sospechaban que estaba especie se reproducía en el territorio nacional por lo que se habían visto haciendo vuelos de cortejo en el aire, pero no tenían pruebas suficientes.
Hasta este descubrimiento, la única pista de su reproducción en el país provenía de las observaciones de su vuelo nupcial, el cual hacen los machos para enamorar a las hembras. Durante la época de apareamiento, los machos de esta especie ascienden a gran altura en círculos para luego lanzarse en una vertiginosa picada, las plumas exteriores de su cola vibran fuertemente contra el viento, generando un característico zumbido denominado "poroteras".
La documentación de nidos activos en el departamento demuestra finalmente que estos despliegues no pertenecían a individuos erráticos o migrantes de paso, sino una población establecida de aves que están naciendo y creciendo en la región.
Los nidos, detallados en un informe reciente publicado por la Asociación Colombiana de Ornitología, revelaron las ingeniosas tácticas del ave para proteger a sus crías. A diferencia de otras aves, no construyen nidos en los árboles, sino que hacen pequeñas depresiones directamente en el suelo, ocultas entre los pastos altos y húmedos de las zonas inundables. En su interior se encontraron huevos de tonos verdosos y manchas oscuras, un camuflaje que los hace casi invisibles ante los depredadores. De estos huevos nacen polluelos que, a los pocos días, ya son capaces de dejar el nido para seguir a sus padres.
La Caica suramericana destaca por su plumaje de tonos cafés, negros y dorados, usados para mimetizarse con la vegetación seca, y por un pico notablemente largo. Este pico posee una alta sensibilidad en la punta, lo que le permite rastrear y capturar lombrices e insectos bajo el lodo sin necesidad de verlos.
Este logro científico resalta el valor ecológico de Casanare, un territorio clave para la producción agropecuaria que también funciona como un refugio indispensable para la biodiversidad.