Estrés por calor en gallinas, un factor que incide en la calidad de la cáscara del huevo
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Estrés por calor en gallinas, un factor que incide en la calidad de la cáscara del huevo

Uno de los efectos que produce el estrés por calor es una reducción en el consumo de alimentos, así como en el pesaje del huevo
El estrés por calor generado afecta a la cáscara de huevo
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La producción avícola no escapa de los efectos que producen las altas temperaturas del ambiente. El estrés por calor generado, no solo incide negativamente en la calidad de vida de los animales, sino que afecta a la cáscara de huevo, provocando que los lotes de ponedoras pongan huevos con cáscaras más delgadas y frágiles, lo que repercute en su rendimiento productivo.

Aunque la alta mortalidad solo se da a temperaturas ambientes mayores a 33° C, a temperaturas menos extremas la presencia de estrés por calor en las ponedoras genera un deficiente crecimiento del huevo, además de suscitar la hiperventilación corporal, que motiva la pérdida excesiva de dióxido de carbono en los pulmones y la sangre.

Cabe destacar que las aves no sudan, por lo que cuando la gallina tiene estrés calórico, aumenta su respiración para eliminar el exceso de calor. Este aumento en la respiración, lleva a la pérdida de CO2 a través de sus pulmones y, por ende, se disminuye el ácido carbónico de la sangre produciendo alcalosis respiratoria”, resaltó Ramiro Delgado, nutriavícola.

Todo esto hace que se disminuya el ácido carbónico que es usado por el ave para llevarlo al oviducto y apoyar la formación de la cáscara, lo que causa una deficiencia en la calidad de la misma, volviendo los huevos más frágiles.

Uno de los efectos que produce el estrés por calor en la producción avícola es una reducción en el consumo de alimentos, así como en el pesaje del huevo, su producción, nacimientos y fertilidad del gallo.

Por su parte, aumenta la mortalidad en los animales, el canibalismo y la inmunosupresión, factor que incide en la pérdida de reacciones inmunitarias, lo que lleva a la fácil aparición de otras enfermedades.

Para Delgado, este efecto de estrés por calor aplica en galpones abiertos. “Aunque existen algunos galpones, principalmente en jaula con ambiente controlado donde las aves pueden verse en menor grado afectadas, esta medida implica un alto consumo de electricidad, por lo que no es viable para la mayoría de productores”, destacó.

Las pérdidas en la producción dependen de igual forma de la humedad del aire, el tiempo o duración al que se exponen las ponedoras ante las altas temperaturas, y la cantidad de fuentes hídricas disponibles para su abastecimiento.

Ante este panorama, se recomienda a los avicultores un manejo adecuado de los sistemas de bebederos presentes en los galpones. Durante los periodos de temperaturas altas, los lotes exigen una alta demanda de consumo de agua. Es fundamental asegurar un buen flujo de agua, además de suplementarlas con vitaminas que reduzcan los efectos adversos.

Es importante no molestar a las gallinas durante estas épocas, así como hacer uso de rociadores de techo que disminuyan en gran medida las temperaturas, al refrescar el recinto. La sobrecarga de jaulas no ayudará a menguar el estrés, por ello se debe tener la cantidad mínima en cada una, así como evitar transportarlas en cajas saturadas.

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