El campo colombiano, su escasa población joven y el bajo relevo generacional
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El campo colombiano, su escasa población joven y el bajo relevo generacional

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La migración de población joven hacia las ciudades y el envejecimiento de las zonas rurales están transformando la estructura del campo. La falta de oportunidades laborales, educación, acceso a tierra, tecnología e ingresos hace que cada vez más jóvenes busquen su futuro lejos de las actividades agropecuarias.

En las fincas y parcelas de buena parte del país se está produciendo un cambio que va más allá de las condiciones de los cultivos o del precio de los alimentos. Mientras las ciudades concentran cada vez más población joven, las zonas rurales avanzan hacia una estructura demográfica con mayor presencia de adultos y personas mayores, un fenómeno que pone sobre la mesa una pregunta para el futuro del sector agropecuario: ¿quién continuará trabajando el campo cuando las generaciones que hoy producen ya no puedan hacerlo?

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, identificó en su informe Demografía Rural en Colombia, publicado en 2025, que el envejecimiento de la población también está avanzando en las áreas rurales. La entidad señala que durante las últimas décadas aumentó el peso relativo de las personas de 60 años y más, mientras disminuyó la participación de las edades más tempranas.

Gráfico LR

El fenómeno no ocurre de manera aislada. El Dane explica que la migración del campo hacia las ciudades, relacionada con la ausencia de oportunidades y las difíciles condiciones de las zonas rurales frente a los territorios urbanos, ha contribuido a una disminución de la población joven y al envejecimiento de las comunidades rurales.

LOS CONTRASTES

  • Salvador ZeaArtesano y agricultor

    "Acá en el campo ya no hay quien trabaje, alguien que ayude. Yo no sé que pasará cuando los viejos ya no puedan trabajar".

  • Elkin Morales Ganadero y agricultor de Casanare

    "El campo no ofrece garantías para los viejos ni para los jóvenes. Por eso es que se van para la ciudad, se aburren de la situación".

A esto se suman otros factores como el conflicto armado y el aumento de la esperanza de vida. La migración, además, tiene un componente claramente generacional. De acuerdo con el análisis del Dane sobre población campesina, la migración interna se concentra principalmente entre las personas de 15 a 29 años, precisamente el grupo que debería comenzar a incorporarse de manera más importante a las actividades productivas del campo.

El envejecimiento rural tiene una particularidad: no necesariamente significa que todas las personas que permanecen en el campo sean adultas mayores, sino que las generaciones jóvenes están perdiendo peso dentro de la estructura poblacional.

La tendencia también aparece en análisis más recientes. Un estudio de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, Upra, elaborado con proyecciones de población del Dane, muestra que en 2024 Boyacá registraba un índice de envejecimiento rural femenino de 122,2%, Cundinamarca de 108,8% y Quindío de 107,2%.

Esto significa que en esos territorios había más de 100 mujeres rurales de 60 años o más por cada 100 menores de 14 años.La situación resulta especialmente relevante para regiones donde la agricultura familiar tiene un peso importante.

El envejecimiento no solo modifica quién vive en el territorio, sino también quién tiene la capacidad física para realizar labores que requieren jornadas extensas, desplazamientos, manejo de animales, preparación de terrenos, cosecha y otras actividades que continúan dependiendo de una importante cantidad de trabajo manual. Que suelen ser complejos para personas mayores debido al esfuerzo físico que requieren.

“A los jóvenes ya no les gusta el campo. Yo los entiendo, porque aquí hay que ganarse las cosas con esfuerzo y sacrificio. Además, uno no gana lo suficiente para todo lo que hace”, explicó Elkin Riveros, agricultor y ganadero de Casanare.

Un joven difícilmente encontrará atractivo repetir exactamente las mismas labores que realizaron sus padres durante décadas si esas actividades no le permiten acceder a ingresos suficientes, estudiar, utilizar tecnología o construir un proyecto de vida.

El relevo generacional será, por tanto, uno de los grandes retos de la agricultura y el campo colombiano en los próximos años. Y el desafío no será únicamente conseguir quién continúe cultivando, sembrando y recolectando y cuidando, sino lograr que las nuevas y futuras generaciones encuentren en ella una oportunidad real para construir su futuro.

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