Día Mundial de la Alimentación; biotecnología y nutrición, claves para garantizar alimento
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Día Mundial de la Alimentación; biotecnología y nutrición, claves para garantizar alimento

Colombia produjo 83,5 millones de toneladas agrícolas en 2025. La biotecnología y la alimentación equilibrada son claves para enfrentar los retos de la seguridad alimentaria
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Este 16 de octubre, en el marco del Día Mundial de la Alimentación, la conversación sobre seguridad alimentaria abarca tanto la capacidad de producir alimentos como la importancia de consumirlos de manera equilibrada. En Colombia, los retos climáticos, las plagas y las enfermedades presionan la producción agrícola, mientras que la información nutricional basada en evidencia científica resulta fundamental para orientar las decisiones sobre qué comer y cómo combinar los alimentos.

En 2025, el país cultivó 5,44 millones de hectáreas, 1,2% menos que el año anterior. Sin embargo, la producción agrícola aumentó 5,1%, hasta alcanzar 83,5 millones de toneladas, según datos preliminares de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, Upra. En este contexto, la biotecnología ofrece herramientas para mejorar los rendimientos, identificar características útiles de las plantas y detectar enfermedades, con el objetivo de reducir las pérdidas en los cultivos.

Estas tecnologías incluyen desde marcadores moleculares y selección asistida hasta bioinsumos y cultivos genéticamente modificados. Su aplicación varía según las necesidades de cada producto: en Colombia, el maíz y la soya cuentan con materiales genéticamente modificados sembrados comercialmente, mientras que en cultivos como la papa y el tomate también se utilizan herramientas para el mejoramiento genético y la detección de patógenos.

Según Agro-Bio, en 2025 el país alcanzó un récord de 163.658 hectáreas de maíz genéticamente modificado, 25% más que en el periodo anterior. El cultivo es relevante no solo para la alimentación humana, sino también para la producción de alimento balanceado destinado a las cadenas avícola, porcícola, lechera, ganadera y acuícola.

La necesidad de proteger la producción también responde a los riesgos fitosanitarios. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, citadas en materiales sectoriales, las plagas y enfermedades pueden comprometer hasta 40% de la producción mundial de cultivos cada año y generar pérdidas económicas superiores a US$220.000 millones.

Ante las variaciones del clima y la presión sobre los recursos naturales, la innovación puede ayudar a anticipar riesgos y mejorar el manejo de los cultivos. Sin embargo, no constituye una solución única: sus resultados dependen de la investigación, la validación local, la asistencia técnica y su integración con prácticas agronómicas adecuadas.

Una alimentación equilibrada también es fundamental

La seguridad alimentaria no termina en la cosecha. También implica que todas las personas tengan acceso a alimentos que respondan a sus necesidades nutricionales. De acuerdo con las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos para la población colombiana del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, una dieta saludable debe combinar de manera adecuada los diferentes grupos de alimentos y ajustarse a factores como la edad, el estado de salud y la actividad física.

Dentro de esa combinación, la carne de res aporta proteínas de alta calidad y nutrientes como hierro, zinc y vitamina B12. La FAO destaca la importancia de estos componentes para funciones como el mantenimiento de los tejidos, el transporte de oxígeno, el funcionamiento del sistema inmunológico y la formación de glóbulos rojos.

Su aporte nutricional debe entenderse como parte de una dieta variada. Un plato que combine carne con arroz, fríjoles o lentejas, papa, yuca o plátano, además de aguacate y ensalada, permite integrar diferentes nutrientes, entre ellos proteínas, fibra, vitaminas y minerales. La combinación de alimentos también puede favorecer el aprovechamiento de ciertos nutrientes, como el hierro presente en las legumbres y las verduras.

En el marco de esta fecha, el desafío consiste en conectar la producción de alimentos con las necesidades de quienes los consumen. Esto implica avanzar en herramientas que ayuden a reducir las pérdidas agrícolas y, al mismo tiempo, promover decisiones alimentarias informadas, con porciones adecuadas y variedad de productos.

La ciencia aplicada al campo y la educación nutricional forman parte de esa conversación: mientras la primera busca contribuir a una producción más eficiente y resiliente, la segunda ayuda a comprender cómo combinar los alimentos disponibles para responder a las necesidades de cada persona.

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