Daños por sismo se suman al dólar y al clima en la crisis que afecta al sector agropecuario
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En el sector agropecuario está lloviendo sobre mojado. A la caída del dólar, el riesgo de un Fenómeno de El Niño de fuerte intensidad y el aumento de los costos laborales se le sumaron las afectaciones provocadas por el terremoto de 7,4 grados del pasado 10 de agosto, lo que configura un coctel que genera una alta incertidumbre para las exportaciones del campo.
La tasa de cambio es uno de los principales frentes de preocupación. El dólar se cotizaba este 19 de agosto en la línea de los $3.054, con una TRM de $3.098,79. El dato contrasta con los $4.308 en los que estaba el dólar en enero de 2025. Para los agroexportadores, la apreciación del peso significa recibir menos ingresos en moneda local por las ventas realizadas en el exterior.
El impacto alcanza productos como café, flores, banano, palma de aceite, azúcar y aguacate. En el caso cafetero, la Federación Nacional de Cafeteros señala que el productor ha dejado de recibir hasta $690.000 por carga durante el último año por efecto del comportamiento del dólar. A esto se suma que las exportaciones agropecuarias, de alimentos y bebidas cayeron 2,7% en el primer semestre, hasta US$7.425,1 millones.
El café fue uno de los principales factores detrás de ese retroceso. Las ventas externas del subsector de café, té, cacao, especias y sus preparados disminuyeron 10,6% entre enero y junio. En junio, las exportaciones agropecuarias cayeron 10,8% anual, con reducciones en flores y follaje y en café sin tostar.
A la presión cambiaria se suman mayores costos, como el aumento de 23% del salario mínimo en 2026 y la jornada laboral de 42 horas semanales, que generan nuevas exigencias para un sector donde la mano de obra puede representar alrededor de 50% de los costos de producción. Para los productores, el problema se agrava cuando estos incrementos no están acompañados de mayor productividad, mejores precios o una tasa de cambio favorable.
El clima constituye otro frente de riesgo, ya que las lluvias que afectaron la producción durante 2025 y el primer trimestre de 2026, y ahora el país enfrenta la posibilidad de un Fenómeno de El Niño de intensidad muy fuerte. El Ideam estima una probabilidad de 81% de que alcance esa intensidad durante los últimos meses del año, con posibles períodos de menor disponibilidad de agua, mayores temperaturas y cambios en los rendimientos.
El riesgo ya se refleja en los incendios forestales que afectan algunas zonas del país, especialmente en Tolima, donde ya hay afectaciones en varios cultivos de leguminosas.
Sobre este escenario llegó el terremoto del 10 de agosto, que afectó zonas de actividad agrícola y golpeó especialmente a familias cafeteras. La Federación Nacional de Cafeteros ha contactado a 10.460 caficultores en seis departamentos y encontró 8.070 viviendas afectadas, de las cuales 709 presentan daño total y 6.902 daño parcial. También reportó afectaciones en 4.713 beneficiaderos, con 707 afectados totalmente y 3.740 parcialmente.
La Fedecafe dispuso de 400 ingenieros agrónomos para avanzar en el levantamiento de información y apoyar el Registro Unifamiliar de Emergencias. Además, lanzó la campaña 'Súmate a la Causa' para recibir donaciones destinadas a las familias cafeteras afectadas.
A su vez, Juan Pablo Duque, CEO de Equilibria, que es una de las empresas exportadoras de limón tahití, dijo que la coincidencia de estos factores configura una “tormenta perfecta” para el campo.
"El sector está atravesando lo que puede ser el momento más crítico de este siglo, y no ha pasado lo peor. Pareciera que el dólar va a bajar otro tanto y se ve un Niño muy agresivo, muy hostil, que va a terminar de afectar la producción y la calidad. Entonces, si ya estamos pasando aceite en este momento, a final de año va a estar peor", dijo Duque.
La preocupación apunta también al empleo, ya que el sector agropecuario genera cerca de 2,5 millones de trabajos formales, directos e indirectos. En este contexto, el desafío será sostener la producción y la rentabilidad mientras se enfrentan simultáneamente las presiones cambiarias, climáticas, productivas y derivadas de la emergencia.