Aliso y eugenia, entre los árboles más vulnerables al calor que se acerca en Bogotá
Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia alertó el desafío para la arborización de Bogotá por cuenta del aumento de las temperaturas en la capital a propósito del inicio del fenómeno de El Niño.
La Unal encontró que especies ampliamente utilizadas en la ciudad, como el aliso y la eugenia, presentan señales de vulnerabilidad frente al calor, lo que podría comprometer los beneficios ambientales que hoy aportan.
El estudio, liderado por Geisa Faerito, investigadora del grupo de Fisiología del Estrés y Biodiversidad en Plantas y Microorganismos del Departamento de Biología de la Unal, evaluó la capacidad de adaptación al calentamiento urbano de ocho especies arbóreas, tanto nativas como exóticas, sembradas en la capital.
Para ello, se recolectaron muestras en la Ciudad Universitaria y en la avenida Carrera 30, dos zonas con condiciones ambientales contrastantes. En laboratorio, las hojas fueron sometidas a temperaturas entre 38 y 60 °C para identificar el punto en que comenzaban a sufrir daños irreversibles en su sistema fotosintético.
Los resultados mostraron que la eugenia fue una de las especies con menor tolerancia térmica, mientras que el aliso, aunque soportó altas temperaturas, evidenció una capacidad limitada para aclimatarse al calor. Según la investigadora, esta última condición resulta preocupante por tratarse de una especie propia de ambientes fríos y de mayor altitud.
En contraste, el nogal andino, el roble andino y el cerezo presentaron un mejor desempeño frente a las altas temperaturas.
Otro de los hallazgos fue que el estrés no solo se observó en árboles ubicados junto al asfalto y el tráfico de la Carrera 30. Incluso ejemplares del campus de la Unal mostraron afectaciones, lo que evidencia que factores como la compactación del suelo, la falta de agua, la contaminación y la radiación también inciden en su estado.
La investigación concluye que el futuro de la arborización de Bogotá dependerá no solo de sembrar más árboles, sino de seleccionar especies capaces de mantener sus servicios ecosistémicos en una ciudad cada vez más cálida.